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     Moro Almanzor  
   
Jorge Ortiz nos relata una subida al pico del Moro Almanzor
realizada junto con su mujer y unos amigos.


Subida al Moro Almanzor, Gredos, 2.592 m
 
Por fin es viernes. Las cuatro de la tarde es la hora de salida prevista, pero, como siempre, hay algún "tardón" que la retrasa.

Nos vamos en una escapada relámpago al Circo de Gredos con la intención de subir el Pico del Moro Almanzor el sábado por la mañana y volver a Madrid por la tarde.

La cosa empezó hace un mes cuando mi amigo Amador me dijo que quería que les llevara a Gredos, al Almanzor, a él, a su cuñado y al hijo de éste. Al final se animaron tambi�n otro amigo, Pedro, y mi mujer Isabel.

Como ya nos esperábamos nos pilla el atasco de salida de Madrid y llegamos a la Plataforma más tarde de lo previsto. Tenemos algo de prisa, ya que hemos reservado plaza y cena en el Refugio Elola.

Un cartel nos indica que se tarda 2:30 h en llegar, pero, yendo bien, se puede hacer en 1:30 h. Nosotros tardamos 1:45 h.

Llegamos a las 21h, cenamos y, después de un poco de charla con gente conocida con la que nos hemos encontrado, nos vamos a dormir, ya que los desayunos empiezan a las 7:30 y queremos estar los primeros para no pasar mucho calor en la subida.

La subida normal al Almanzor se hace por la Hoya Antón, camino de la Portilla Bermeja, enorme y largo caos de piedras. Empezamos flojito, algunos hace tiempo que no salen al monte; otros van más fuerte, el padre e hijo y mi mujer. Hacia la mitad de la Bermeja sale la Portilla del Crampón. Es una subida no muy larga pero sí bastante dura en la que, en invierno, es necesario tener conocimientos de uso de crampones y piolet y del manejo de la cuerda. Muy t�cnica, vamos.

En verano no tiene más complicación que su dureza por lo que a algunos les cuesta lo suyo, pero merece la pena parase a ver las excelentes vistas del Morezón, Hermanitos y Perro que Fuma.

Mi mujer y los dos Alejandros (padre e hijo) suben fuertes; otros dos suben más retrasados y yo me voy quedando con ellos. Por fin se acaba la cuesta y llegamos al collado. Preciosa vista del Cuerno del Almanzor y las peligrosas Canales Oscuras.

Nos encontramos con tres personas que bajan de la cumbre. Son los primeros del día en coronarla. Detrás de nosotros llega otra pareja.

Desde aquí se sube a la cima por un terreno algo más complicado para aquellos no acostumbrados a trepar. Justo antes de la cumbre hay un par de pasos que asustan un poco.

Yo, que tengo mentalidad de montañero de los de antes, pienso que a la cumbre tenemos que subir todos juntos, pero hay gente que no tiene esos sentimientos y tira hacia arriba sin esperar a nadie y por un camino distinto, muy delicado y expuesto.

Los cuatro que quedamos subimos juntos hasta el paso clave, pero uno de nosotros dice que por ahí no sube y que nos espera. "De eso nada, has venido al Almanzor y vas a subir con nosotros".

Previendo el caso me he traído una cuerda, algunos anillos y mosquetones y una placa Gri-gri. Ato a mi amigo y subimos sin mayores dificultades.

De la pareja que nos segu�a hay otro que se asusta y no quiere subir; le ofrezco la cuerda y también sube.

La cumbre es bastante reducida, con una cruz metálica y un punto geodésico que no dejan espacio para mucha gente. No entiendo cómo, a estas alturas, no se han retirado de nuestras montañas todos esos "cachivaches", pero, en fin, ese es otro debate.

Unas fotos y nos preparamos para la bajada, ya que empieza a verse una fila de gente que llega a la trepadita. Vuelvo a atar a mi compañero para el destrepe.

Uno de los siguientes en subir me dice que si puedo esperar a que bajen ellos porque hay tres personas que les da "yuyu" el destrepe. "Pues claro, lo que haga falta". En montaña, lo primero es ayudar al que va peor; y más si es un tema de seguridad.

Después de un buen rato me reúno con mis compa�eros. La fila de gente que sube empieza a ser enorme. Les propongo bajar por la Portilla de los Cobardes a coger el camino que va por debajo del Cuchillar de Ballesteros hasta el Venteadero y luego bajar desde allí al refugio.

Una vez más hay quien quiere correr demasiado y se va siguiendo unos hitos equivocados que bajan más de lo previsto y acaban perdiendo el camino.

Igual que en la cumbre nos quedamos los cuatro que nos vamos esperando, ya por camino equivocado. A Pedro le ha "mordido" la montaña y baja mal. Esta expresi�n es de un amigo profesor de la Escuela de Alta Montaña y describe perfectamente esa sensación de depresión que te entra cuando vas mal y parece que no se acaba nunca el sufrimiento, dándote ganas de pararte y que suban a buscarte (o lo que sea).

El padre y el hijo, los dos "rápidos", han desaparecido y ni les vemos ni les oímos; los demás seguimos unos hitos que nos llevan finalmente a una barranquera sin salida aparente: la cosa se complica. Hay dos posibilidades: volver atrás, lo que descartamos viendo el estado de uno de nosotros, o intentar un destrepe algo delicado ayudándonos nuevamente de la cuerda. Amador y mi mujer destrepan, pero... llega la tormenta. Agua a jarros, truenos, etc... Ato a Pedro y le descuelgo. Quedo yo que, con el aguacero que está cayendo, se me hace inviable el destrepe sin riesgo de caída. Son unos 10 ó 12 metros, pero el golpe en caso de resbalón puede ser definitivo. Decido rapelar abandonando un cordino en un puente de roca. A todo esto habíamos visto a los otros dos, antes del aguacero, arrastrando el culo por unas lajas bastante lisas, caída natural de agua. No quiero pensar lo que hubiera pasado si les pilla la lluvia allí metidos, un auténtico tobogán de agua.

Alejandro padre ve desde abajo que no nos movemos por lo que sube a ver qué pasa. Al final bajamos todos juntos hasta el refugio sin más historias. La confusión nos ha tenido parados una hora larga.

Llegamos al refugio a las 15:30h. Pedro ya ha recuperado el ánimo, sobre todo después de la comida en la pradera de la Laguna Grande. Seguro que al final le quedará el buen recuerdo de la cumbre.

Despuás vuelta al coche por ese horroroso camino que están haciendo desde los Barrerones a la Plataforma. Cualquier d�a de estos lo asfaltan y ponen un asador.

Uno, que no es un alpinista pero lleva muchos años en esto, llega, una vez más, a la conclusión que no hay que subestimar la alta montaña y que cualquier excursión o ascensión "fácil" puede complicarse más de la cuenta. Unas veces por el tiempo, otras por la inexperiencia o exceso de confianza o, la mayoría de las veces, por falta de sentido común. En fin, una experiencia más, de esas de las que se aprende, con buen final y el recuerdo de la cumbre del Almanzor y los ratos compartidos con gente querida.

Jorge Ortiz (10 de julio de 2005)


 
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