Click here to send us your inquires or call (852) 36130518
- -
     Crónicas de L'Ernexto  
   
En el Yelmo
Carta a Domingo Pliego narrando una jornada de escalada


Dear "Domínguez":

El viernes a las diez y media (¿un poco tarde, no?) recibí una llamada de Luis Lázaro, que se acababa de enterar que habían quedado el sábado en Canto Cochino entre ocho y media y nueve. Así que fui por allí. Los Lázaro no obstante, empero, sin embargo, no aparecieron debido a circunstancias personales.

Así que sólo éramos Juan Ignacio, Pepe y yo. Ellos avezados escaladores de hace muchos años y con casi veinte menos que yo. Subimos a muy buen ritmo hasta la cara sur del Yelmo por el Hueco de la Hoces. No pararon ni una sola vez pero les aguanté bastante bien el ritmo sin desmayarme ni nada.

Sin embargo a la bajada me dejaron atrás pues ya llevo mucho tiempo que al bajar por terreno abrupto me duelen bastante los pies, como si estuvieran escocidos, y no puedo ir deprisa. Preferiría que me dolieran las botas, que es mucho más llevadero. Tengo una cita con el podólogo el miércoles, a ver qué me dice.

Hacia el Yelmo, dibujo de Domingo Pliego
Una vez arriba seguimos hasta la otra cara del Yelmo, la norte, que está en sombra como bien sabes. Casi se quedaba uno frío pues íbamos bien sudados. Dejando a nuestra izquierda la "vía normal" de subida al Yelmo que se inicia por una canal oblicua llena de cascotes y peñascos, pero que se sube muy bien con pies y manos, hicimos una vía que creo se llama "Pulpo Serrano" (V+), escalada directa en la pared hasta encontrar una reunión, desde la cual rapelamos. En algún punto tuve que agarrarme un poco de la cuerda porque no encontraba otros agarres, aunque procuro no hacerlo. Después ellos comenzaron otra vía un poco más allá y yo decidí subirme por "la normal" al Yelmo pues hacía varios siglos que no subía. Pasé luego por esos canalizos ascendentes que tienen en algunos puntos como treinta y dos centímetros de ancho. Tú, hombre hercúleo y vigoroso tendrías que entrar con calzador. Y luego por debajo de una piedra que está encajada en el pasillo, así reptando un poco y con alguna contorsión fui ascendiendo poco a poco, pensando en que si me resbalaba podía quedarme varias semanas encajado entre las dos paredes. Este pensamiento me ayudó a no resbalar. Supongo que mucha gente no podría pasar físicamente por allí.

Despu�s de un ligero yantar a base de gazpacho frío y unas lonchas de mortadela, bajamos otra vez a la cara sur, concretamente al "Rompeolas" que es zona de aprendizaje de diversos niveles y allí hicimos un par de vías más, una de ellas recomendada como "interesante" por Ramón, un monitor que conocí cuando fuimos al Pirineo, y que estaba allí. Tenía la vía una placa de 5º grado bastante lisa, que sólo contaba con unos "garbancitos" de piedra para agarrarse y con alguna línea de piedra blanca como de mármol, que parecen servir de placas de unión entre grandes rocas. Cuando yo vi a Ignacio y a Pepe subir, me entraba el convencimiento de que lo mejor que podía hacer era sentarme a pie de vía, a leer las páginas amarillas que son muy amenas.

Pues yo casi, no voy a subir ¡fíjate!, balbucía yo, pero gracias a las bofetadas de moral y ánimo que me propinaba Ignacio, ¡venga hombre, que tú puedes hacerlo!, pues me embarqué no muy convencido. (En realidad lo que m�s me convence es subir en ascensor). Así que para mi satisfacción al final lo hice, si bien en algún momento pisé alguna chapa buscando un apoyo extra. Pero bueno, yo estaba muy contento. Al final ellos hicieron una vía más, con un inicio en una rampa oblicua que a primera vista me pareció un tanto complicado, aunque ellos luego dijeron que la dificultad era más aparente que real. No obstante yo me abstuve, porque tanta felicidad así seguida podría resultar perjudicial.

Y así se pasó el día tan ricamente, aunque echamos de menos a Luis y Marisa.
Me voy a comer.
Recuer2.

Ernesto Medina (21 de octubre de 2005)


 
-