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Crónica de las subidas al Posets y Bachimala (Pirineos)
(20-22 mayo 2005)
¿Qué tendrá la zona del Viadós, en el Pirineo de Huesca? ¿Qué tendrá? Tercera vez que vamos a ella en menos de un año y nos maravilla como la primera. Acabamos de volver y ya queremos escaparnos de nuevo. ¿Serán los valles, con esas tonalidades verdes, esos olores únicos y esa agua que no falta incluso en época de sequía? ¿Serán las montañotas inmensas que nos hacen levantar la mirada, arriba, arriba, y casi no se ve su fin? No sabemos. Lo único cierto es que allí se está como en otro mundo, en una especie de paraíso terrenal. Nos olvidamos del trabajo, de las preocupaciones del día a día, de la política, del dinero... El regalazo de la naturaleza envolviéndonos y nosotros, unos pocos afortunados.

Para esta ocasión hemos elegido subir al Posets, segunda cumbre más alta de toda la cordillera pirenaica, sólo superada por el Aneto. Reservamos plazas en el refugio Viadós (o Biadós) con tiempo de sobra para no quedarnos fuera. Vamos Periko, Miguel, Josemari, Kris, Javi, Ana, Ángel, Paco, Luis, Jorge, Félix y Fer. Varios ya hemos subido al Posets, pero por el lado fácil, desde el refu Ángel Orús. Esta vez queremos hacerlo un poquito más difícil, desde el Viadós, un subidón de más de 1.600m.

Viernes, 20 de mayo de 2005
Quedamos a primera hora de la tarde y salimos de Madrid en tres coches. Carlos tiene el detallazo de ir a despedirnos. Nos recomienda que tengamos cuidado y que cuando volvamos no seamos demasiado crueles poniendo los dientes largos a los que al final no han podido unirse a la caravana.

Desde el principio notamos la cohesión del grupo, aunque algunos no se conocían de antemano. La atracción de la montaña rompe todas las barreras y nos hace piña desde el primer instante. Hablamos el mismo idioma, nos emociona ir al mismo sitio, sabemos desde que subimos a los coches que vamos a disfrutar como micos. ¡Adiós Madrid, ahí te quedas! Por dos días no queremos saber nada de ti.

Zaragoza, Huesca, Barbastro, Aínsa, San Juan de Plan, pista de 12 Km de tierra y baches y por último el refugio Viadós, ya de noche. En uno de los coches destaca la música ratonera con que Jose María castiga a sus acompañantes. ¿No hay nada mejor en el mercado discográfico? En otro coche Miguel comete el error de decir que quiere hacer la ruta Carros de Foc, y Paco ve el cielo abierto para contar mil y un detalles y otros mil después. En el tercer coche se mantiene una elevada conversación sobre lo humano, lo divino y el devenir de la historia.

Nos dan dos habitaciones y rápidamente en una se ponen los que quieren dormir y en otra los que creen que van a dormir. Ya desde la llegada vemos que el refugio Viadós no es un refugio normal. No. Alguno dice que es el anti-refugio, al tener muchas características diametralmente opuestas a la mayoría: está limpio, se puede acceder en coche, está tranquilo, y sobre todo, sobre todo, los guardas son amables. ¡Qué gusto de personas! Joaquín Cazcarra y su mujer son de los guardas que ya no quedan por ahí. Pides agua y te la traen sonriendo, preguntas una cosa y te la contestan sin aire de superioridad y sin prisa, se desviven para que la gente esté a gusto, casi como en casa. ¡Y además cocinan bien! ¿Qué más podemos pedir? De cenar nos ponen sopita caliente, longanizas, tortilla española y fruta. Todo nos encanta. Aderezamos los platos con excitada conversación.

A mitad de cena José María nos informa: "¿Sabéis?, me he dejado las botas en casa". ¡¿Qué?! ¿En casa? ¿Y qué vas a hacer ahora? No pretenderás subir en chancletas y pantalón corto. Algunos para llamar la atención hacen cualquier cosa. Pero resulta que Josemari ha nacido con estrella, y ¡oh casualidad! Jorge ha traído dos pares (de botas, no de estrellas), y uno de ellos le sirven bien al despistadillo. Mejor así. Nos habría sentado mal que se quedara en el primer nevero. Félix aprovecha para lanzar unas de sus ironías a modo de dardo: "Antes hacíamos listas de material para comprobar que no nos olvidábamos nada... pero esto está ya decayendo... vaya grupo... cualquier día me borro." (Ni él se lo cree).

Ultimamos detalles para la ruta del día siguiente, fijamos la hora del desayuno y nos vamos a dormir pronto. Se nota cierta tensión en el grupo. Dicho de otro modo: más de uno está que se caga por la pata abajo. No en balde va a ser el primer tres mil para Luis, Jorge y Kris y el segundo para otra buena parte. Decimos cuatro tonterías más y apagamos las luces.

Sábado, 21 de mayo de 2005
Una de la madrugada: A Kris no le viene el sueño y en vez de callar relajada o darse una vueltica por el campo no se le ocurre otra cosa que darle palique al crápula de Félix. Tres de la madrugada: sin novedad en el frente, siguen dando la cñ. Cuatro y media de la madrugada: no nos lo podemos creer, qué plastas, risita por aquí, risita por allá, que te cuento un chiste, que cómo será la ruta... ¿Los tiramos por la ventana? Seis de la madrugada: suena el despertador, todos arriba, algunos sin haber pegado ojo, lo que se plantea como nueva estrategia antes de un tres mil que alguno sugiere patentar.

Tras desperezarnos y comentar la nochecita que nos han dado nos vestimos de aprendices a montañeros y bajamos a la calle para ver qué tal hace. Encontramos un día magnífico, cielo limpio, temperatura suave y el impresionante macizo del Posets frente a nosotros. ¡Qué grandeza! ¡Qué montañota! Desde el refu (1.740m) se ve la cumbre del Posets (3.375m), con todo el subidón que nos espera. Ni un instante dudamos de nuestras fuerzas.

El desayuno compensa la vigilia y el poco descanso. ¡Tostadas de pan caliente! Esto es un lujo asiático, otro puntazo del anti-refugio. Tostaditas con mermelada, galletas, bollitos y café o cacao. Buena ingesta de hidratos de carbono que luego quemaremos.

Llenamos las cantimploras y los camel-bak, encendemos los GPS, cogemos los morrales y pocos minutos pasadas las siete Joaquín nos hace una foto de grupo en la puerta del refu (¡cómo nos gustan estos recuerditos!) Le preguntamos: "¿Vamos a hacer cumbre?". Sonríe y nos contesta: "Pues claro".

Empezamos a andar por el valle de Chistau, adentrándonos paralelos al río Zinqueta de Añes Cruces, que cruzamos por un puente de madera. Al momento comenzamos a subir, saliéndonos de la senda y retomándola varias veces, al estar bastante desdibujada. A la media hora Ángel nos dice que va mal, que el estómago le quema, y que prefiere no subir. (Se queda esperando en la cabaña de la Basa. Un rato más tarde se recupera y se va solo hasta el collado de Chistau, para luego volver al Viadós y esperarnos).

Subimos a buen ritmo guiados por José María, que desde el principio nos da caña. Está fuertísimo, un galáctico de las montañas. Al salir del bosque entramos en una zona más pedregosa que poco a poco se va convirtiendo en la típica y asquerosa pedrera. Un paso para adelante y dos para atrás. Este suelo descompuesto y pizarroso nos hace avanzar lentos, pero Félix nos anima recordando el dicho de aquel montañero italiano: "Avanti, sempre avanti". Gracias Felisuco.

Por fin dejamos la pedrera atrás -estamos a 2.600m- y llegan las nieves, cosa que nos alegra. Cruzamos un primer nevero casi sin pendiente y nos acercamos a las rampas más fuertes. Josemari sigue delante y va abriendo huella, lo que todos agradecemos sobremanera. No es lo mismo ir de primero que aprovechar las pisadas de otro. Y menos con nieve blanda. El grupo se estira porque cada uno lleva su ritmo, pero en ningún momento perdemos contacto visual. Kris, muy fuerte también, sigue de cerca a Josemari.

La última pala, la más larga, nos lleva a más de 3.300m de altura. Acaba en la arista cimera, la que llega a la cumbre por el norte. Al asomarnos a la otra vertiente se nos ponen los pelos de punta: la inmensidad del valle de Estós y un patio de impresión bajo nosotros. ¡Uf, qué subidón de adrenalina! Quedan escasos ciento cincuenta metros para la cumbre, por una arista estrechita de roca buena para andar y manchas de nieve blanda que nos hacen extremar la precuación. La hacemos despacito, tensos, muy concentrados, con algo de miedo por si aumenta el viento lateral.

Cuando Fer está a mitad de arista, en el punto más aéreo, oye que por detrás le grita Periko:
- Fernandooooo, abre el wakiiiiiiiiiiiii
- ¿Queeeeeeeeeeee?
- Que enciendaaaaaaaaas el wakiiiiiiiiiiiiiiiii
- ¿Para queeeeeeeeeeeeeeeeeeee?
-Tengooooooooo que decirte una cosaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Evidentemente Fer no hace ni pt caso. No era el mejor sitio para andar quitándose la mochila, buscar el waki de las narices, ponerse de cháchara con el Pedrito y cargarse de nuevo la mochi a la espalda. Avanti.

Poco antes de las dos de la tarde José María cumbrea, y luego poco a pocos todos los demás. ¡Lo hemos hecho! Felicitaciones y risas mil, pero sin olvidar que en montaña la meta no es la cumbre, sino volver bien. Saludamos a dos valencianos que acaban de llegar por la vía normal, hacemos unas pocas fotos e iniciamos la vuelta, otra vez por la aristita.

Al llegar de nuevo a las palas de nieve un cierto respiro de alivio se nota en el grupo. Aunque queda una larguísima bajada sabemos que lo más complicado ya ha quedado atrás. Ahora despacito y a disfrutar de la nieve. Nos cruzamos con un grupo de siete catalanes que van de subida y nos dicen que bajando por el barranco de Mardaneras, el que tenemos delante, hay más nieve y ninguna pedrera. No dudamos ni un instante. Todo con tal de evitar el pedregal de la subida.

Alrededor de la cota 2.700m encontramos unas rocas sin nieve y aprovechamos para parar y comer. Merecido descanso. Son las cuatro de la tarde y hemos empezado a andar a las siete de la mañana. Sacamos la comida y todo nos lo zampamos con gusto y eufórica conversación. Félix hace amago de abrir una lata de mejillones caducada para compartir, pero menos mal que Paco está hábil, se avalanza sobre él, se la quita, la pasa rápido a Jorge y éste a Luis, quien la esconde disimuladamente en la mochila de Miguel. Trabajo en equipo.

A nuestra espalda ha quedado el imponente Posets, que miramos de reojo de vez en cuando, y por delante vemos el valle y la inmensidad de los Pirineos. Qué gustazo estar aquí.

Seguimos bajando, sin prisa al vernos con tiempo de sobra. Vamos charlando, separados en grupitos. Efectivamente por aquí no hay pedrera. Sorprende que el mapa de la editorial Alpina que hemos usado recomendara el otro barranco, siendo éste mucho mejor. Entramos en el bosque y en una de las pocas paraditas Luis se acerca sigiloso a Periko y le pregunta: "¿Me vais a dar el carné de recio?" Querido Luisito: Ciertamente con esta subida has conseguido muchos puntos, pero ganar el carné de recio montañero HC es algo que tendremos de deliberar detenidamente. Avanti.

Tras casi doce horas de actividad llegamos al refugio. Ángel nos cuenta lo que ha hecho durante el día y cómo ha seguido nuestros movimientos con unos prismáticos que le habían dejado. Nos alegra ver que también él está contento y recuperado de sus molestias.

Dirigidos por Kris estiramos los doloridos músculos y mientras esperamos la hora de la cena debatimos el plan del día siguiente. Esto no para. José María y Fer están decididos desde el principio a machacar, subiendo otro tres mil de la zona, el Bachimala. Al momento se anima Félix, que aunque proteste mucho se apunta a un bombardeo. Támbién Ángel, Kris, Javi y Ana. Los demás prefieren volver a Madrid por la mañana.

Durante la cena somos los más ruidosos del refugio. Charlamos y reímos sin parar, ante la atónita mirada de los otros montañeros (pocos) que están allí. Nos dan sopa, judías verdes con patatas y filetes de cerdo encebollados, que acompañamos con un buen vino de Samontano. Mil comentarios excitados acerca de lo bien que lo hemos pasado, de lo emocionante de la arista, de las palas de nieve... Todo nos ha dejado más enamorados aún de estas montañas y estos valles.

Aprovechamos también este rato para pedir a Joaquín que clave una galleta de tela con nuestro logo en una de las vigas de madera del techo del comedor. Queda bien. Anteriormente nos había comentado cómo se construyó el edificio -él era aún niño cuando su padre lo hizo- y cómo ha pasado toda su vida dedicada a servir a generaciones de montañeros que han pasado por ahí. Todo lo cuenta con sencillez, contestando a nuestra muchas preguntas.

Tras la cena seguimos un buen rato de charleta. Miguel está eufórico, no cabe en sí mismo y se lanza a los chistes: "Van dos granos de arena por el desierto y uno le dice al otro: ¡Cuánta peña, tío!" Otros que rebosan alegría son Jorge y Luis. No paran de repetir: "Qué subida, qué subida hemos hecho..." ¿Y qué decir de nuestra montañeras? Después de hacer un tres mil están incluso más guapas. Todos reflejamos en nuestras caras una extraña satisfacción, simplemente por haber subido una montañita y luego haberla bajado... qué raros somos algunos humanos.

Domingo, 22 de mayo de 2005
También nos levantamos a las seis y lo mejor es que esta noche sí hemos dormido. Desayunamos todos juntos y los siete que nos quedamos para ir al pico Bachimala nos damos prisa por preparar la mochila y salir sin perder tiempo.

El grupo que se vuelve a Madrid recoge todo con más calma y emprende la vuelta en torno a las nueve. Hacen un buen viaje, parando de Setémano a comprar ensaimadas, y llegan a Madrid a media tarde.

El otro grupo nos dirigimos al Bachi-bachi por una loma herbosa desde la que se ve muy bien el macizo del Posets a la derecha y el Culfreda a la izquierda. Ángel nos lleva a un ritmo estupendo -el mítico ritmo cinco mil- que nos permite subir y hablar a la vez. Antes de llegar a un monte llamado Señal de Viadós nos desviamos a la izquierda por una sendita estrecha y bajamos al collado de la Gatera (2.528 m), desde donde iniciamos la fuerte subida a este picacho que ayer vimos cien veces desde el Posets. Enseguida entramos en la nieve, nos ponemos los crampones y sustituimos los bastones por los piolés. Todo cuesta arriba a buen ritmo.

Tras las primeras rampas hacemos una paradita y decidimos subir hasta que sean las doce del mediodía, para tener tiempo de volver al refu y no llegar a Madrid demasiado tarde. Sin perder ni un instante vamos para arriba, intentando que nos dé tiempo. También hoy Josemari va por delante abriendo huella. Es incansable. No vamos por la ruta normal, sino por Punta Sabre, una cumbre secundaria al sur de la principal. Las palas de nieve son empinadísimas, casi más que las del Posets, aunque algo más cortas. Una zona de roca la trepamos sin quitarnos los crampones, al más puro estilo drytooling. Todo nos da gusto y nos hace revivir las sensaciones del día anterior. Javier no encuentra palabras para repetirnos hasta la saciedad lo contento y feliz que se encuentra.

Llegamos a Punta Sabre (3.136 m) poco antes de las doce. Para la cumbre del Bachi queda una arista de unos cien metros (menos aérea que la del Posets) y una trepada final bastante vertical. A mitad de arista vemos que la trepada nos va a retrasar demasiado, y como ya estamos más que satisfechos decidimos dar media vuelta y bajar. Dos tres miles en un fin de semana es más que suficiente.

Hacemos la bajada bastante rápidos, combinando tramos de espaldas (por la verticalidad de las rampas), tramos de frente y tramos de culo-esquí. La última parte hasta el refugio, sin paradas tampoco. Antes de las tres y media estamos ya sentados en el comedor, donde nos dan unos estupendos entremeses, patatas a lo pobre con guisantes y zanahoria y filetitos de cordero. Recogemos todo, nos despedimos de Joaquín y salimos pitando para los madriles.

El día después
Intercambio de correos para compartir impresiones y fotos. Todos hemos acabado encantados. Paco nos pasa el perfil de la ruta que el GPS capturó. Las fotos de la arista son las más comentadas. Ángel, en su mesurada sabiduría nos escribe:
La verdad es que ha sido intensísimo. Este grupo crece como la espuma, es imparable. Hace muy poco tiempo era impensable aprovechar una salida de fin de semana a los Pirineos como se ha hecho. La actividad de Alta Monta�a realizada es de bastante envergadura, sobre todo por esa mezcla de terrenos, nieve blanda, roca, aristas, fuertes pendientes, etc�tera. Cuando pase el tiempo os iréis dando cuenta de la actividad realizada. Muy pocas veces se puede aprovechar un fin de semana en los Piris de esta forma.
De todas maneras quiero resaltar que esta actividad es el resultado de ilusiones individuales de gente poco contaminada por el devenir de la sociedad actual y de constancias personales muy poco frecuentes hoy día. Por lo dem�s, disfrutad de los días posteriores soñando, y sed felices. Sólo una cosa más: reposad las ideas, no deis rienda suelta a vuestra imaginación Alpina y manteos en el límite justo de la prudencia en vuestras actividades montañeras; es la forma de no correr riesgos innecesarios y seguir disfrutando de una actividad fantástica que, como todo si se lleva al límite, puede estropear el disfrute normal y sencillo.
Gracias Ángel, tomamos buena nota. Estupendo colofón a un fin de semana en nuestros Pirineos (porque son nuestros, de cada uno y de todos) en el que hemos hecho lo que nos gusta con gente a quien queremos.