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Crónica de la subida al Cilindro de Marboré y bajada por los Circos de Soaso y Cotatuero. (24-25 junio 2006)

Nueva ruta en Pirineos -no nos cansamos de ir a ellos- en la conocidísima zona de Ordesa y Monte Perdido. Queremos pasar por dos sitios con renombre: el Cilindro de Marboré, imponente montaña, y el bellísimo Circo de Cotatuero, con sus espectaculares clavijas.

Vamos Carlos, Fran, Paco, Eduardo, Periko, Félix, Javi, Jorge, Iñaki y Fer. Dormimos la primera noche en Torla, en el Albergue L'Atalaya, que ya conocemos de otra excursión.

Sábado, 24 de junio de 2006
Nos levantamos temprano y cogemos los taxis 4x4 que suben a Punta Acuta, por lo que nos evitamos buena parte del acercamiento. Empezamos a andar por la pista que lleva a Nerín, ya viendo el valle de Ordesa a nuestra izquierda, y antes de media hora dejamos la pista y recorremos una senda fácil hasta el refugio Góriz.

Nuestro plan original es vivaquear por la zona, pero el alto riesgo de tormentas con aparato eléctrico nos hace cambiar de opinión. A todos menos a Iñaki, que se sube el saco y la esterilla de todas formas.

Llegamos a Góriz y preguntamos si les quedan plazas. Como era de esperar, nos dicen que no. Así que toca subir la montaña y bajar a Torla a dormir. ¡Para arriba nos vamos!

La subida hacia la Laguna Helada es estupenda. Vamos a un ritmo fuerte, especialmente Carlos e Iñaki, que se adelantan al resto del grupo. Queda muy poca nieve. De hecho, aunque llevamos los crampones en la mochila, no los usamos. La subida está bien indicada con hitos de piedra, por lo que no dudamos ni un momento. Subir y subir. Es un paisaje rocoso, con unos paredones de espanto y moles de piedras inmensas caídas no se sabe de dónde. Llegamos a la Laguna Helada (2.950 m) alrededor de la una de la tarde. Quedan en ella grandes bloques de hielo flotando.

Este es un sitio especial, conocido por la mayoría de los que hacemos estas cosas de subir montañotas. A la izquierda (oeste) el Cilindro de Marboré, con unos impresionantes pliegues en la roca vertical. A la derecha (este) el Monte Perdido, con la rampa de la Escupidera. ¡Qué ambiente más montañero!

¿Iñaki y Carlos? ¿Dónde están estos 'pájaros'? Como han llegado antes se lanzan a por el Cilindro de Marboré (3.325 m), por la evidente canal seguida de la trepada por una chimenea, y cumbrean casi a la vez que el resto llega a la laguna. ¡Qué máquinas!

El cielo se ha encapotado de forma amenazante. En pocas horas ha pasado de estar completamente despejado a unos nubarrones nada simpáticos, así que decidimos no intentar subir el Cilindro. Una pena. Nos quedamos con las ganas de la cumbre, que habríamos conseguido sin duda. Pero no era plan encontrarnos arriba rodeados de rayos y truenos. Vemos que Carlos e Iñaki ya están bajando y empezamos a bajar nosotros también. Seguro que nos alcanzan.

Hacemos una bajada rápida y antes de las tres ya estamos todos en la pradera de Góriz, dispuestos a descansar un poco y bajar a Torla. Fer le pide a Carlos que vuelva a preguntar si hay plazas, por si alguien ha cancelado durante la mañana. Carlos se acerca y vuelve a los dos minutos con una sonrisa de oreja a oreja: ¡Hay plazas! Un grupo grande ha llamado para cancelar, así que cogemos nueve plazas para esa noche, evitándonos bajar. ¡Qué alegría! ¡Qué respiro! Nos quedamos en el Góriz. ¿Por qué nueve plazas? ¿No somos diez? ¿Hemos tenido alguna baja? ¿Alguien se nos ha perdido en el Perdido? No. Porque Iñaki prefiere dormir fuera, en una cueva que hay a doscientos metros del refugio. Así es él, y así queremos que siga siendo. Ha venido a dormir en la calle y duerme en la calle. ¿Hay plazas en el Góriz? No importa. Él duerme fuera.

Descansamos tumbados en la hierba comentando la jornada, en especial la relampagueante subida de Ñaki y Carlos. En dos horas y veinte minutos han subido desde Góriz hasta la cumbre del Cilindro, cuando lo normal es hacerlo entre tres y tres horas y media.

Tenemos que cancelar la reserva que tenemos en Torla y resulta que se ha estropeado el teléfono del refu. ¡Vaya, hombre! Y en esta zona no hay cobertura. Paco, Felisuco, Jorge y Fer se vuelven a calzar las botas y van a la zona de Custodia, al este del Góriz. Tras una horita andando cogen señal en el aparato -nos referimos al teléfono móvil- y cancelan las plazas del albergue. Nos quedamos más tranquilos así.

Hora de cenar (potaje de garbanzos, ensalada, filetes de cerdo, crema de limón). Y la consabida charleta tomando algo calentito hasta que nos vamos a dormir. Afuera caen chuzos de punta. Un aguacero de mil pares, con sus correspondientes rayitos. Menos mal que Iñaki se ha metido en una cueva...

Ya en el dormitorio pasa algo inusual. Estamos con otro grupo de montañeros y esta vez (y sin que sirva de precedente), los otros son más jaleosos que nosotros. Ellos charlan, ríen y arman bulla. Nosotros callamos y dormimos. Hasta los más charlatanes (Periko, Jorge) están callados. Hasta el más descontrolado (Félix) está hoy tranquilo. ¿Nos estaremos haciendo mayores?

Domingo, 25 de junio de 2006
Nos levantamos y lo primero que nos viene a la cabeza es el estado en que se encontrará Ñaki. ¿Habrá sobrevivido a la tormenta? ¿Se lo habrá zampado un oso hormiguero? ¿Lo habrá disuelto el chaparrón?

Desayunamos abundantemente y al momento aparece Iñaki, tan contento, con su sombrero negro y sonrisa irónica. Dice que todo bien, salvo que la cueva tenía goteras, al ser roca caliza. Pero él se había acurrucado en un rincón y dormido tan ricamente. Nos alegramos.

Recogemos todo, pagamos la estancia y nos dividimos en dos grupos. Por un lado, Jorge, Periko y Eduardo. Por otro, el resto.

Antes de arrancar, Jorge, Periko y Edu ven que hay un grupo de unos diez montañeros gallegos a punto de subir el Perdido, y los pobres sí que estaban perdidos. Uno llevaba el piolé colgando cual espada romana; otro casi en zapatillas; otro con un mochilón tipo sherpa nepalí; otro subía sólo con una botellita de medio litro de agua. Total, que los nuestros les dieron consejos varios de cómo llevar el material y cómo usar lo más básico. Lo agradecieron.

Después los tres bajaron por el Circo de Soaso, pasando por las clavijas y la cadena que hay para acortar el paso, admiraron la cascada Cola de Caballo y recorrieron el valle de Ordesa por la ruta normal, hasta llegar, atravesando el precioso parque, a la Pradera. De camino entablan conversación con una pareja de montañeros vascos que los bajan hasta Torla para allí coger nuestros coches y subir a la Pradera de nuevo a recoger al resto del grupo.

Los otros siete bajamos por el Circo de Cotatuero. Nos dirigimos hacia el cuello de Millaris por una senda facilona. Precioso entorno. Después del collado ya vemos el circo, debajo del cual está el valle de Ordesa.

Es un lugar tremendamente bello. Varias inmensas plataformas forradas de hierba y atravesadas por ríos y cascadas. En un momento determinado empieza a llover fuerte, pero nos pilla junto a un desplome y nos guarecemos bien. Vamos bajando acercándonos a la última plataforma. Los hitos nos llevan a cruzar el río, ya que a Ordesa sólo se puede bajar desde la orilla contraria a la que estamos, pero la fuerza del agua debe de haber movido alguna piedra y no podemos cruzarlo. Seguimos bajando y buscando un punto donde cruzar, pero no hay manera. Cuando ya casi estamos al borde de la última cascada decidimos descalzarnos, quitarnos los pantalones y cruzar a pelo, mojándonos. La fuerza del agua es grande, así que montamos un pasamanos con la cuerda, para no arriesgar. El agua está helada, helada. Vamos pasando uno a uno, entre risas y caras de susto por la temperatura del río. Divertido.

Poco después llegamos al punto más crítico de la ruta: las clavijas de Cotatuero. Resulta (un poco de historia no viene mal) que hace siglo y medio un rico cazador encargó a un herrero instalar unas clavijas que le facilitara el paso cuando saliera de caza. El herrero instaló clavijas de hierro en dos tramos, uno horizontal y otro en una chimenea vertical. Más recientemente se ha añadido un cable de acero en el primer tramo, para facilitar el agarre. El paso es espectacular, especialmente el tramo horizontal, por el inmenso patio que hay debajo. Técnicamente es fácil, pero el subidón de adrenalina no te lo quita nadie. Desde luego no es un lugar recomendado para gente con mucho vértigo ni tampoco un sitio para ir con niños juguetones. (Nosotros llevamos a Félix porque no tenemos más remedio.)

Salvado el paso, y más contentos que unas pascuas, seguimos bajando por una estrecha y empinada senda. Vemos los grandísimos paredones que forman esta parte del circo y varias cascadas llenas de agua. Una de ellas tiene una caída tan alta que el agua se pulveriza al caer y parece vapor. No cabemos de gozo con tanto esplendor y belleza. Estamos abrumados. ¡Qué sitio! ¡Qué regalo de la naturaleza! Hacemos fotos, pero éstas no reflejan ni la décima parte de lo que allí hay.

Según bajamos la senda atraviesa un frondoso bosque y es más sencilla, hasta llegar al fondo del valle. En tranquilo paseo llegamos a la Pradera de Ordesa, donde nos esperan Edu, Jorge y Periko, recién llegados de Torla con los coches.

Bajamos a Torla, nos cambiamos de ropa, comemos en un restaurante típico, y volvemos a Madrid.

Para acabar
Hemos vuelto maravillados, como siempre. Toda la zona de Ordesa, Monte Perdido, Marboré y, de forma especial, Cotatuero, nos han dejado las pupilas llenas de fantásticas estampas. Las caídas de agua, con el estruendo que forman, no se nos olvidan fácilmente.

Ha sido la primera experiencia de alta montaña para Eduardo, que se ha portado como un campeón. Al volver a Madrid nos escribe un correo en que resume lo que ha vivido:

Pues yo he disfrutado como un enano. Ha sido mi primer "2950". Mi conclusión: He superado mi cota, así que estoy muy muy contento. No tenía más expectactivas que conocer mis límites mejor, aprender y vivir la experiencia de montaña, así que PRUEBA SUPERADA. El hecho de no hacer Cotatuero no me pesa lo más mínimo, Jorge, Periko y yo tuvimos la dosis de adrenalina con Soaso, y nos lo pasamos muy bien bajándolas. Ya llegará Cotatuero más adelante. Me llevo muy buen sabor de boca... y un buen dolor de gemelos de propina. Me lo he pasado muy bien con vosotros y me he sentido muy arropado en todo momento. Espero repetir, tripitir y cuadrupitir cuando se presenten m�s ocasiones... Mientras tanto, a seguir entrenando y curtiendo estas carnes doloridas.

Y cosas semejantes podríamos escribir los demás. Lo hemos pasado pipa. Ya pensamos en la próxima.