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Crónica de la subida al Espigüete (Cordillera Cantábrica)
(1 abril 2006)

La subida al Espigüete, Palencia, Cordillera Cantábrica, estaba en nuestra lista de montañas desde hacía un par de años. Ya por fin nos hemos decidido a ir, y ha sido un acierto descubrir esta zona, con muchísimas posibilidades montañeras, especialmente en invierno.

El Espigüete está junto a un pueblito llamado Cardaño de Abajo, en una zona de pantanos al norte de la provincia de Palencia, casi en el límite con León, cerca de Aguilar de Campoo y sus galletas. Tiene dos cumbres: la Este (2.444 m) y la Oeste (2.450 m), separadas por una arista de menos de cuatrocientos metros.

Nos hospedamos en una casa rural en el mismo pueblo, el Caserón de Fuentes Carrionas, (979.866.502, 630.680.378). Excelente trato y comida. Recomendable para ir en plan familia.

Hemos venido trece: Javi, Periko, Santi, Carlos, Rocío, Paco, Anna, Fran, Félix, Jorge, José María, Fer y Narci. Éste último, guía de montaña, ha venido para tutelar la ruta, intentando corregir fallos y pasarnos algo de experiencia. Queremos y necesitamos seguir aprendiendo.

Arrancamos
Nos levantamos a las cinco y media, desayunamos y cogemos los coches. La ruta empieza en un aparcamiento (1.350 m) que hay a tres kilómetros de Cardaño de Abajo, en la carretera P-217 que va a Cardaño de Arriba. Alrededor de las siete y cuarto, aún de noche y con los frontales encendidos, empezamos a andar por la senda de Mazobre, que nace del mismo aparcamiento en dirección norte.

Esta senda va paralela al arroyo Mazobre. A los dos kilómetros y medio, ya con las primeras luces, llegamos a un desvío a la izquierda que tomamos. Medio kilómetro después llegamos a un refugio de piedra (1.573 m) desde el que ya vemos las rutas que vamos a hacer. Esta media horita de agradable paseo, en ligera cuesta arriba, nos viene bien para calentar músculos. Mirar hacia arriba desde aquí nos impresiona.

En este punto nos separamos en dos grupos. Por un lado, Josema, Javi, Felisuco y Fer. Por otro, el resto. Los primeros van a subir por el corredor Noreste. Los segundos por la vía del circo noreste, un corredor algo menos inclinado (más al este que el primero) y luego hacer cumbre por una arista final. Ambas vías está separadas por un inmenso espolón rocoso. La idea original es coincidir en la cumbre y luego bajar por la arista Este hasta los coches.

Corredor Noreste - Corredor Norte
Cien metros delante del refugio nos despedimos y el grupo del corredor Noreste tiramos por la derecha. El camino que vamos a seguir es bastante evidente ya que tenemos un día claro con visibilidad perfecta. Desde el principio pisamos nieve, blanda por aquí, y vamos ganando altura rápidamente. Josema va en cabeza, tirando, ya que quiere dar alcance a dos montañeros que van por delante, para preguntarles qué plan tienen. Y ya conocemos a nuestro amigo: si se propone cazar a alguien, lo consigue. A la altura de los 1.800 m los alcanza y le dan detalles de cómo es la subida. Estas primeras rampas no llegan a 30º de inclinación.

La nieve está más dura ya, así que rápidamente nos ponemos los cascos y los crampones y cogemos los piolés. También nos ponemos los arneses, por si necesitamos encordarnos más adelante. Javi está contentísimo, ya que estrena ambos piolos. Félix y Fer estrenan uno de ellos. Antes de arrancar de nuevo, Fer le pasa los tres kilos de cuerda a José María, aprovechando que éste va sobrado de fuerzas. Javi intenta lo mismo, pero llega tarde. (Otra vez será, amigo.)

De nuevo tiramos para arriba y esto ya se inclina más y más. Rampas de 45º con una nieve durita que pronto bautizamos: nieve-disfrutona. Sin duda lo es.

Félix empieza a tener problemas con sus crampones. Resulta que hace poco se compró unos automáticos súper mega guai, por aquello de fardar y parecer escalador pata negra, pero el izquierdo se le sale cada dos por tres. Se para, se lo vuelve a encajar, sigue andando. Al rato otra vez lo mismo... Lo malo es que según se va inclinando el terreno, se hace más crítico llevar bien los pinchos...

Llegamos a una rocas bajo las cuales hay una cueva y que da paso a la parte más inclinada: un tubo de menos de dos metros de ancho, unos 50 m de largo y tramos de 60º de inclinación. ¡Qué gustazo subir por aquí! Del piolé-apoyo pasamos rápidamente al piolé-tracción. Evaluamos por un instante si vale la pena encordarnos, pero esta nieve-disfrutona se deja hacer algo de huella, así que vamos con mucho cuidado pero sueltos. José María pone el turbo y sube como una moto. Los otros tres vamos a buen ritmo, algo más pausados, incluso haciendo alguna foto cuando quedamos en una posición segura.

Acaba el tubo y la inclinación baja. Entre 50º y 55º estimamos que tiene. (Esto es difícil de calcular, pero imaginando cómo es una escuadra y un cartabón... hacemos nuestro cálculo aproximado. El próximo día le pedimos el clinómetro a Fran.) La nieve sigue igual de disfrutona o más. Esta larguísima pala nos lleva a la parte alta de un espolón. Estamos ya a más de 2.200 m. Giramos a la izquierda y, en dirección sur, nos dirigimos rectos a la cumbre. Las vistas son ya espectaculares, con toda la Cordillera Cantábrica a nuestra espalda.

Pasito a pasito, con la inestimable ayuda de los crampones y los piolés, llegamos a la cumbre Este (2.444 m). ¡Qué espectáculo! Son las once de la mañana. Nos ha llevado algo más de tres horas y media desde el aparcamiento. Abajo vemos Cardaño de Abajo, lógicamente. Y el pantano de Camporredondo. Y también vemos la otra cumbre. Y la arista que separa ambas. Y la arista Este por donde se supone que vendrá el otro grupo. Y el Pico Murcia (preciosa pirámide) al norte. Y los Picos de Europa al noroeste. Y el Pico Curavacas al este. Y... ¿dónde está Josema? ¿No iba por delante? ¿No debería estar aquí?

Pues José María ya había dejado la cumbre, y estaba a punto de llegar a la otra. Así es él. Quizá había quedado con alguien, o tendría un apretón... Nosotros tres hacemos fotos, charlamos con dos montañeros que llegan poco después que nosotros, comemos una 'navarrita' energética y hablamos con el walki con el otro grupo. (Van atrasados, así que decidimos no esperarlos.) Tras esta pausa nos encaminamos hacia la otra cumbre.

La arista es 'curiosa'. No es difícil, pero en algún punto es expuesta, así que hay que ir atentos. Además, la última parte tiene una cornisa de nieve con pinta de derrumbarse en cualquier momento. Llegamos a la cumbre Oeste (2.450 m), y esta vez sí encontramos a José María (menos mal) y el vértice geodésico de rigor. Las vistas son inmejorables. Entre otras muchas cosas, vemos al noroeste el embalse de Riaño.

De todas las vías de bajada optamos hacerlo por el corredor Norte, que es el que nos recomendó Francisco, el dueño de la casa rural, la noche anterior. Informamos al otro grupo por la emisora (qué prácticos son estos bichos en montaña) y nos dirigimos al collado que separa ambas cumbres, punto inicial de dicho corredor Norte.

Bajada larga, al principio de unos 40º, con nieve bastante dura. Se atraviesa en diagonal hacia el noreste, acercándonos al gran espolón que separa este corredor de el que hemos hecho de subida. Llegado un punto la inclinación aumenta, y Félix y Fer deciden bajar de espaldas, cara a la pared. Más lento y cansado pero mucho más seguro. Javi y Josema se encuentran seguros y siguen bajando cara al valle. Al llegar al espolón giramos a la izquierda y en dirección norte recorremos este espectacular corredor de cerca de 500 m en total. Lo pasamos pipa. La pendiente no creemos que pase de 50º en ningún momento.

Félix sigue teniendo líos con los crampones. Se le sueltan con demasiada frecuencia. En una de las paraditas que hacemos, Javi se fija bien y ve que una de las varillas está en un orificio equivocado. ¡Ay, mi madre, pero qué inútil es! Lo encaja bien y desde ese momento todo funciona como se esperaba.

El detalle técnico lo vemos a mitad de bajada. Nosotros bajamos de espalda con la regla de los tres puntos de apoyo, es decir, movemos el piolé derecho, luego el pie derecho, luego el piolé izquierdo, luego el pie izquierdo, y vuelta a empezar. Pero de repente vemos que bajan dos montañeros, también de espaldas, y nos dan una pasada propia sólo de Fernandito Alonso. Nos fijamos y es que ellos hacen otra secuencia de movimientos: mueven a la vez piolé y pie derecho, y luego a la vez piolé y pie izquierdo, y así sucesivamente. De dos en dos. Y claro, a los pocos minutos los perdemos de vista. Qué ritmo, tú.

Cuando la pendiente se suaviza volvemos a ponernos cara al valle y acabamos el corredor en torno a la una de la tarde. Ha sido un disfrute inmenso. También en este lado la nieve ha estado disfrutona. Ya sólo queda un tranquilo paseo hasta la senda de Mazobre bajando por una pedrera no muy grande y un último tramo que coincide con lo que habíamos hecho por la mañana. Alrededor de las tres de la tarde llegamos al aparcamiento. Informamos al otro grupo y los esperamos tomando unas cervecitas en un bar cercano.

Vía del circo Noreste - arista Este
El otro grupo nos dirigimos a la vía del circo Noreste, también muy evidente desde el refugio de piedra. Al ser un grupo más numeroso avanzamos más lentamente. La pendiente va inclinándose paulatinamente hasta los 40º. Avanzamos en dirección sureste.

Para dar un poco más de dificultad, al llegar a unas rocas (estamos a 1.800 m) en vez de rodearlas por la zona de nieve decidimos hacer una trepada asegurándonos. Sacamos las cuerdas y demás cacharros y nos ponemos de dos en dos. Hacemos una reunión (piolés verticales y un friend) y vamos pasando. Un pequeño resbalón de Periko pone a prueba el conjunto: en ese momento es Jorge quien le asegura, con una placa auto-bloqueante Gi-gi, que se bloquea como debe y todo queda de libro. También se desprenden varias rocas, que caen rodando. Una de ellas golpea en la pierna derecha a Fran, rompiéndole el pantalón y haciéndole bastante daño. Por el gesto nos tememos lo peor, pero afortunadamente todo queda en un susto. (El chico es fuerte.) El paso ha sido instructivo, pero lento al ser un grupo de nueve. Seguimos para arriba.

Santi tiene problemas con los crampones, al llevar botas flexibles (para estas inclinaciones la bota rígida es lo propio) y se siente un poco inseguro. Nos damos enseguida cuenta, decidimos encordarlo y acabamos la canal progresando en seis u ocho largos, con reuniones intermedias. En estas situaciones el grupo suple las carencia de cualquiera, y se muestra una vez más la solidaridad que brota sin pensarlo. (Al final comprendimos que todo esto no es más que un gesto de solidaridad con Félix, que a pocos centenares de metros más al oeste también iba mal con los pinchos... y el bueno de Santi ha querido acompañarlo...)

Cerca de la cota de 2.000 m la ruta gira a la derecha en busca de la arista. Disfrutamos bastante todo este trayecto. A nuestra espalda vemos cada vez mejor la Cordillera Cantábrica, con mil bellísimos picachos. Hablamos con el otro grupo varias veces con las emisoras. Nos dicen que ya han hecho cumbre y que no nos van a esperar. Lo entendemos perfectamente y quedamos con ellos en los coches, ya que entre unas cosas y otras acumulamos un retraso de casi tres horas.

Narci se desvive por enseñarnos cosas. Mejorar el cramponaje, la técnica del tercer pie, formas de manejar mejor el piolo, uso de la cuerda ante la mínima dificultad, reuniones...

Tras un total de 400 m de canal, con inclinaciones entre 40º y 45º, llegamos a la arista cimera. ¡Qué paisajes desde aquí! La idea es hacer la arista y llegar a la cumbre Este. Pero son más de las dos de la tarde y la nieve está blanda. La arista está realmente peligrosa, así que con buen criterio decidimos no hacerla. Vemos que vienen bajando dos montañeros, y ver las dificultades que tienen para progresar por la inestabilidad de la nieve nos confirma lo acertado de nuestra decisión. Nos quedamos esperando que desciendan la arista y lleguen al pequeño hombro que hay delante de nosotros, por si necesitan nuestra ayuda. Afortunadamente no hace falta y nos damos media vuelta. Hemos llegado hasta 2.320 m, a sólo 125 de la cumbre. No pasa nada. Lo importante es la seguridad.

La bajada la hacemos por la arista Este, dejando a nuestra izquierda la canal de subida. Es un terreno divertido, con varios pasos en que necesitamos ayudarnos con las manos. Como el camino ya es evidente nos vamos disgregando en pequeños grupos, cada uno a su ritmo. Fran y Rocío, que se mueven en roca como pez en agua, llegan al aparcamiento los primeros, poco después de las cinco de la tarde. Allí los espera el otro grupo. Ha sido una bajada realmente rápida. Poco a poco llegamos los demás. Cansados y contentos.

Conclusiones
Fantástico descubrimiento haber encontrado la montaña palentina. No nos imaginábamos que fuera así. Sin duda vamos a volver. Otras montañas, como el Pico Murcia, las Agujas de Cardaño, o el maravilloso Pico Curavacas y sus corredores nos esperan.

En otro orden de cosas, es más que evidente que a ascensiones de este estilo no podemos ir todos juntos. Podemos coincidir en el viaje y en el refugio, pero las rutas se hacen mejor en grupos reducidos. Mejor y más seguros también. Estar comunicados con las emisoras permite saber de los otros, y pedir ayuda si fuera necesario. Lo hemos visto en esta ocasión: el grupo pequeño ha hecho la ruta completa, con las dos cumbres, con dos corredores, y acabando en dos horas menos. Todo esto nos enseña para plantear las próximas actividades HC. Sea en la preciosísima montaña de Palencia o donde sea.