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Crónica de la subida al Cervino (Alpes)
(Julio 2006)
Francisco Martínez
"La pasi�n por la monta�a de un hombre es,
ante todo, su infancia que se niega a morir"
(Fran�ois Mauriac)

Aunque no estaba previsto dentro de nuestros planes realizar esta actividad en este a�o, despu�s de barajar otras opciones y al incorporarse nuestro amigo Carlos al proyecto, cambiamos los planes iniciales y decidimos plantearnos la ascensi�n al Cervino, nombre para los de habla latina, Matterhorn para los no latinos, ambos igual de válidos en el ambiente monta�ero. Fue a propuestas de nuestro amigo Óscar, que junto con Fidel nos guiar�n en esta aventura.

Vista del Cervino por la arista Hornli

Al principio nos pareci� un objetivo algo por encima de nuestras posibilidades, pero planteamos algunos cambios en los programas de entrenamiento, entre ellos un par de d�as de pr�cticas de escalada en aristas de Pirineos, adem�s de intensificar la preparaci�n f�sica para acomodarla a una actividad intensa de una duraci�n estimada entre 12 y 14 horas y sobre terreno con una pendiente media alrededor del 90%.

Finalmente, como Carlos no puede acompa�arnos, Fran y yo quedamos en juntarnos en el hotel Mattsand, del pueblo con el mismo nombre, con Óscar y Fidel que vienen desde Espa�a en la tarde del jueves 6 de julio.

Previamente hab�amos hecho la necesaria aclimataci�n en el Dom, en el macizo de Mitchabel, junto con nuestros amigos de Haciendo Camino, F�lix y Fernando, que nos resultó muy intensa y aleccionadora, con sus 4.545 mts. de altura, los correspondientes glaciares y aristas.

Lo primero que hicimos al reunirnos los cuatro fue ver la previsi�n meteorol�gica, 'la meteo', para los d�as siguientes, que era cuando en nuestros planes iniciales ten�amos previsto subir al refugio Hornli, 'Hornlihutte' en alem�n.

La arista Hornli desde el refugio Hornlihutte

La tarde anterior empez� a estropearse la racha de buen tiempo que hab�amos tenido hasta entonces desde nuestra llegada a Suiza, y la previsi�n para el d�a siguiente era peor todav�a. Con todo ello, y tal como hab�amos acordado, aplazamos la salida hacia el refugio al s�bado, cuando empezaba la mejor�a del tiempo hasta el lunes que daba un 100% de estabilidad.

El viernes lo dedicamos a confirmar 'la meteo' en Zermatt y por la tarde, entre chaparr�n y chaparr�n, hicimos unas pocas pr�cticas de maniobras en cuerdas fijas y montaje de polipastos para rescates en grietas.

Ambiente en la plaza de Zermatt, donde se celebra la maratón

El s�bado se cumple la previsi�n meteorol�gica, el tiempo mejora y salimos hacia el refugio Hornli, dejamos el coche aparcado en Tasch, cogemos el tren que nos sube a Zermatt, nos dirigimos hacia la estaci�n del telef�rico que sube a Schwarzsee, desde donde empezamos nuestra ascensi�n a eso de las doce de la ma�ana hacia el Hornli.
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Fran al llegar a Schwarzsee en el comienzo de la ruta hacia el refugio Hornli

El camino es muy bueno, evidente y f�cil, son frecuentes los grupos de turistas, sobre todo asi�ticos, muchos de ellos dan la impresi�n de ser jubilados japoneses o coreanos, con sus formidables máquinas de fotos y de vídeo. Suben a observar el Matterhorn desde el Hornli, las fotos de rigor, se toman un refresco y de vuelta para abajo.

Fran y Óscar a la llegada a la terraza del refugio Hornli

Una vez en el refugio y haciendo tiempo para la cena, coincidimos con dos colegas espa�oles, de Asturias, que también quieren intentar la ascensi�n por la Hornli. Es la segunda vez que lo intentan, el a�o pasado se tuvieron que volver desde la caba�a Solvay, al cambiar el tiempo y meterse un tormenta que les hizo renunciar; tardaron, seg�n nos dicen, doce horas en bajar debido a las condiciones de la roca y del tiempo, por eso este a�o quieren asegurar y ante la duda de la previsi�n para ma�ana, prefieren esperar y salir el lunes que hay más seguridad. Nosotros entretanto, seguimos pendientes de 'la meteo' para el domingo: seg�n parece no va a estar muy estable, hay riesgo de tormentas a partir de mediod�a.
Esto nos genera dudas, trazamos el plan de acci�n con la idea de esperar hasta la hora de salir para ver cómo est� el panorama, y si vemos que no es factible hacerlo el domingo, tendr�amos que dejarlo para el lunes. Aunque esta opci�n que la previsi�n da con un cien por cien de probabilidad de buen tiempo se presenta como la mejor, climatol�gicamente hablando, como tenemos el vuelo de vuelta el martes a las 15:30 desde Ginebra, supondr�a tener que ascender a cumbre y descender luego directamente a Zermatt andando si no conseguimos estar en Schwarzsee el lunes antes de las 16:30, que es el último telef�rico que baja a Zermatt.

Esto puede ser unas tres o cuatro horitas más, que sumadas a las 12 o 14 del Matterhorn, puede ser terrible. Todos coincidimos: ��qué paliz�n, pero si no hay mas remedio, lo hacemos!!

Cenamos como suele ser habitual a base de pasta y carne, que por cierto la pasta estaba incomible, estaba cruda y sus efectos los notaríamos al día siguiente.

Preparamos las cosas, Óscar y Fidel insisten una y otra vez en aligerar peso, sólo lo imprescindible: en la mochila sólo crampones, agua, comida, guantes gruesos, forro polar y la chaqueta t�cnica. Puesto, todo lo dem�s, arn�s, casco, anillos de cinta, cabo de anclaje, frontal y guantes finos de seda y encima unos de trabajo para agarrar bien las maromas y las piedras.

A eso de las 3:30 a.m. se encienden las luces y nos levantamos. Realmente no se puede decir que hayamos dormido, la tensi�n, la altura, los nervios, etc, etc, te dejan en un estado latente pero sin poder conciliar un sue�o profundo como ser�a deseable. Supongo que algo tambi�n tiene que ver con ser la primera vez que estamos aqu�, porque un gu�a alem�n que hay en nuestro cuarto dormía plácidamente y roncaba a las mil de maravillas.

Paco y Óscar ya listos para iniciar la ascensi�n
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Tras el desayuno cogemos las mochilas y, con todo el material listo, nos asomamos a la puerta del refugio y vemos que el cielo est� absolutamente limpio de nubes, no hace mucho fr�o. A eso de las 4:20 partimos hacia la arista Hornli, Óscar anima diciendo 'venga chicos que hoy va a hacer un d�a estupendo para hacer cumbre'.

Fidel y Fran en la puerta del refugio listos para salir hacia la cumbre

Avanzamos siguiendo las lucecitas de las pocas cordadas que nos preceden. En estos momentos son cuatro, nada que ver con un d�a normal de julio, cuando seg�n nos dicen en el refugio lo normal es que salgan más de cien personas al d�a hacia la cumbre.

Suponemos que ha sido debido a la incertidumbre de la previsi�n. De hecho algunos de los que el s�bado llegaron al refugio con nosotros, ni siquiera se han levantado y esperan al lunes que la previsi�n es más segura. En total salimos hacia cumbre sólo siete cordadas con quince personas, sorprende ver que un gu�a suizo lleva dos clientas, cuando se insiste en que la relaci�n debe ser 1:1.

De los quince que partimos volveremos al refugio despu�s de hacer cumbre sólo nueve. Dos franceses se volvieron antes de llegar a la caba�a Solvay, otros dos espa�oles (vascos) se perdieron en la cara este y se tuvieron que quedar en la caba�a Solvay para continuar subiendo al día siguiente, y una pareja de franceses se le hizo tarde en el descenso y se tuvieron que quedar a pasar la noche en la caba�a junto con los dos vascos para terminar de bajar el lunes.
Ruta de entrada a la arista. Primeras cuerdas fijas

En unos diez minutos desde el refugio se llega al primer paso de trepada, ya de golpe hay que montarse en la arista y empezar a ganar metros. Hay unas cuerdas fijas que ayudan bastante a superar este primer paso, que se hace con la luz de los frontales, mientras, ves por arriba las lucecitas de las otras cordadas que nos preceden.

Desde ahora y hasta que volvamos a pasar por aqu� en el descenso, todo se pone m�s vertical y a�reo, muy a�reo: en definitiva esto es El Cervino. Estimamos que la pendiente media es de unos cincuenta y un grados de inclinaci�n, con alg�n paso que supera los sesenta grados.

Vía en los primeros gendarmes de la arista

Todo va a ser trepar, casi siempre sobre la misma arista, aunque hay algunos pasos que se desplazan hacia la izquierda, meti�ndose en la cara este para flanquear ciertos resaltes o gendarmes, pero tambi�n en muchas ocasiones hay que superarlos y mantenerse en la misma arista, o incluso al final te sales por la derecha a las palas de la cara norte.
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Salimos los pen�ltimos, Fidel y Fran delante, cogen algo de ventaja. Óscar y yo vamos detr�s y en poco tiempo ya hemos cogido a una cordada de dos franceses que en el refugio daban la impresi�n de ser muy 'potentes' pero que ahora no parecen tener mucha idea, por la forma de acometer los pasos, la falta de t�cnica y sobre todo la forma de llevar la cuerda, arrastrando, detalle éste que molest� especialmente a Óscar.

Los adelantamos en una peque�a plataforma y tiramos para arriba, para ya no volver a verlos m�s.

Zona de trepada en la parte inferior de la arista

Luego nos enteramos que se volvieron antes de llegar a la caba�a Solvay, no nos extra�a. Se cumple uno de los principios del Cervino, hay que venir muy preparados tanto física como t�cnicamente. No se puede venir a la ligera, a experimentar, hay que traer las lecciones bien aprendidas y practicadas.

No vemos a Fidel y Fran, ellos han variado la ruta y siguen más cerca de la arista. Nosotros nos hemos desplazado m�s hacia la cara este y en pocos minutos los volvemos a tener cerca, pero ahora vamos nosotros delante.

Otra zona de trepada antes de llegar a la placa Moseley

Llevamos un buen ritmo y no tardamos en alcanzar a otra cordada de una pareja de franceses. En este caso el chico que va de primero parece que conoce esto bien y controla bastante más que los anteriores, pero el ritmo que llevan es bajo, tanto es as� que no los volveremos a ver hasta que nos los crucemos al descender nosotros y a ellos a�n les quedaba como una hora de ascensi�n.

Vamos progresando entre pasos de trepada en ensamble, otros en los que es necesario escalar y avanzar a largos y otros que se avanza en ensamble pero utilizando los anclajes intermedios instalados, unos son cerrados a modo de gigantescos c�ncamos (como los que se utilizan para colgar los cuadros), y otros son una espiral abierta, 'rabos de cerdo' como los llama Óscar, por los que el primero pasa la cuerda dando un par de vueltas y el segundo al llegar la va soltando.

Uno de los muchos anclajes instalados

Lo que hace asequible, adem�s de los seguros indicados, para que tanta gente pueda meterse en este 'jard�n', son las numerosas maromas que hay instaladas en los pasos cr�ticos. Si no estuvieran instaladas, el grado de dificultad ser�a much�simo más alto.

Te quedas asombrado al pensar que hace siglo y medio por aqu� subiera una cordada de siete valientes escaladores dirigidos por Whymper y los guías suizos Croz y los Taugwalder (padre e hijo) sirvi�ndose �nicamente de sus escasos medios y unos rudimentarios materiales comparados con los de hoy, alcanzando la cumbre el 14 de julio de 1865 a las 13:40 horas.

Tambi�n entiendes que en el descenso se produjera la tragedia que puso fin a la era dorada del alpinismo, en la que murieron cuatro de los siete integrantes al tropezar, Hudson, el mas novato de todos y empujar a Croz y a su vez a Douglas y Hadow rompiéndose la cuerda y precipitandose por las empinadas laderas de la cara norte.

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Seguimos subiendo Óscar y yo. Ya no vemos a Fidel y Fran, que vienen algo mas retrasados. Llegamos al comienzo de la placa Moseley, que está dividida en dos partes, una inferior y otra superior, separadas por la caba�a Solvay. Lleva este nombre en honor al alpinista americano William Oxnard Moseley (1848-1879) que falleci� aqu� cuando descend�a de la cumbre.

Escalando la parte inferior de la placa Moseley

Esta es quiz� la parte mas comprometida de toda la ascensi�n, no est� tan equipada como otros pasos, y es pr�cticamente vertical, aunque con buenos agarres y alg�n que otro seguro para montar reuniones. Hacia la mitad llegamos a la plataforma artificial de hormig�n hecha para construir la caba�a-refugio Solvay.

Este refugio es te�ricamente de uso exclusivo para casos de emergencia y está dotado de literas con mantas, una radio y hasta tiene un retrete, que quieras que no, muchas veces viene estupendamente por lo dif�cil de encontrar alg�n sitio para hacer nuestras necesidades fisiol�gicas, y en caso de encontrarlos resultan sumamente inc�modos y hasta peligrosos en este entorno tan vertical.

Escalando la parte inferior de la placa Moseley

Entramos en la Solvay y desde all� vemos que a Fidel y Fran aún les queda un buen tramo de la Moseley. Llegan a la caba�a alrededor de media hora despu�s que nosotros. Les hemos esperado comiendo y bebiendo agua.
Fran a la llegada a la caba�a Solvay

Cuando llegan vemos que Fran no trae buena cara, no ha podido comer y beber lo suficiente durante la subida, adem�s de que le est� haciendo efecto la pasta semicruda de la cena. Nos tomamos más tiempo para que coma, barritas energ�ticas, frutas deshidratadas, frutos secos, chocolate, pan de higo y beba agua, bastante agua. Al cabo de una media hora ya reiniciamos la marcha.

Fran recuperando dentro de la caba�a Solvay

Escalamos la parte superior de la Moseley. Aqu� nos mantenemos juntos las dos cordadas hasta finalizar y llegar al hombro, donde te asomas a la cara norte y te quedas impresionado al ver la inmensidad de esta pared de 1200 mts de ca�da, que desde arriba parece casi vertical. Ahora entiendes mejor que est� catalogado como 'un de los tres problemas' de los Alpes, junto con la norte del Eigher y la del espol�n Walker en las Jorasses.

Escalada de la parte superior de la Moseley
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En un peque�o, pero muy peque�o, rellano encontramos nieve semidura y decidimos parar, ponernos los crampones y algo más de ropa.

Óscar en la parte superior del hombro

Como podemos nos colocamos, aseguramos las mochilas y dem�s material, porque la pendiente a ambos lados es impresionante, hay que tener mucho cuidado que no se 'pire' nada porque irremediablemente lo pierdes.

Esto es lo que sucedi� con mi frontal, cuando al sacar la chaqueta t�cnica de la mochila, el frontal se hab�a enganchado en la rejilla interior y al abrirla para pon�rmela, el frontal cae al suelo y rueda, y rueda y rueda por la pendiente de la cara norte del Cervino, hasta que desaparece pendiente abajo, 'joder�. el frontal', exclam� al verlo caer y Óscar responde, 'No te preocupes� d�jalo, ya da igual... no hay remedio'.

Bueno, lo consideramos como un peque�o tributo que pagamos por nuestro paso por all�, insignificante cuando se trata de una de las monta�as m�s bellas del mundo y la ultima cumbre de los Alpes en ser pisada por primera vez por el hombre.

A partir de aqu� se suceden las trepadas ayudados de maromas, imprescindibles para superar la parte mas vertical de la arista y que desemboca en la gran pala final de la cara norte. Aún nos queda superar estos escasos cien metros de desnivel para llegar a la arista cimera, pero se hacen duros, la nieve ca�da los d�as anteriores ya est� blanda, no hay mucha y se toca la roca con facilidad, la fatiga y la altura ya empiezan a pasar factura, el ritmo baja y nos cuesta un poco más.

Escalando la zona vertical equipada con maromas antes de salir a la pala final en la cara norte

Es aqu� donde nos cruzamos con las dos cordadas que nos preced�an, las dos conducidas por gu�as, uno de ellos era el que llevaba a dos clientas y el otro a una. Ambas cordadas bajaban a toda pastilla, desprendiendo de todo. Literalmente se tiraban por las maromas sin mirar si hab�a alguien subiendo por ellas, incluso intentaron quitar uno de nuestros seguros para poner los suyos. Esto nos enfad� y tuvimos que pararles para que respetaran y dejaran libres las v�as a los que nos encontr�bamos subiendo por ellas.

Concretamente el gu�a que llevaba a las dos clientas, materialmente las tiraba hacia abajo por las maromas; pr�cticamente bajaban en ca�da libre hasta el siguiente anclaje, desenvolvi�ndose con mucha soltura. Fue espectacular verlos manejarse, conocen cada uno de los pasos, dónde est�n los seguros, los atajos para librarse de los cruces, independientemente de que, supongo que como en todos los sitios, los habr� más o menos respetuosos y educados.

Fran y Fidel se han vuelto a retrasar. Fran viene bastante castigado y su ritmo ha bajado. Fidel le anima a continuar diciendole 'venga, vamos�, que ya nos queda muy poco�, ya estamos en la pala final' y le tira un poquito de la cuerda que les une.

Óscar ya en las proximidades de la arista avista la estatua que indica la llegada a ella, y dice 'venga, vamos, que ya estamos arriba, que ya veo la cabeza del monje'.

Efectivamente, en poco tiempo la alcanzamos y vemos que en todas las direcciones la sensaci�n de vaci� es enorme, todo est� hacia abajo, estamos llegando a lo más alto.
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Vista panorámica de la arista cimera hacia la cumbre italiana

Pero a�n no hemos pisado la cumbre suiza, la m�s alta de las dos cumbres por poco más de un metro de diferencia.

Nos montamos en la arista y caminamos en direcci�n NO hacia la cumbre suiza. Más adelante se vislumbra la cruz que identifica la cumbre italiana, la distancia entre ambas cumbres es de unas pocas decenas de metros.

Vista panorámica de la arista cimera

A eso de las 11:15 de la ma�ana pisamos la cumbre suiza, con un tiempo esplendido, la panor�mica es incre�ble, sin duda alguna el esfuerzo ha merecido la pena.

Paco y Óscar al alcanzar la cumbre
Las cuatro aristas de esta monta�a que la hacen una de las mas bellas y cuya silueta sea la mas identificable de todas las monta�as de la Tierra, son la Hornli, Li�n, Zmutt y Furggen.

Mapa del Cervino

Nos colocamos como podemos en esta angosta cumbre, y esperamos la llegada de Fran y Fidel. Entre tanto nos hacemos algunas fotos e intentamos identificar las cumbres m�s relevantes: el Dom, el Monte Rosa, el Wiesshorn, el Mont Blanc a lo lejos.

Vista de la parte suiza de la arista cimera


Como unos veinticinco minutos despu�s una peque�a nube se acerca a nosotros y en pocos minutos ya estamos dentro de ella. En ese momento adivinamos las siluetas de Fran y Fidel en el principio de la arista. Óscar, que en ese momento tiene la c�mara, les hace una secuencia de fotos a largo de la arista hasta que llegan a nuestro lado.
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Fidel y Fran llegan a la arista final

En no m�s de dos o tres minutos los ten�amos junto a nosotros, nos abrazamos y nos felicitamos mutuamente. Más fotos de cumbre, unas hacia el lado suizo, otras hacia el lado italiano.

Paco y Fran en la cumbre

En total hemos estado en la cumbre casi una hora y tenemos que iniciar el descenso. Seg�n las referencias y la experiencia de Óscar, es peor el descenso que la subida, y se tarda lo mismo o más, con lo cual tenemos que darnos prisa para ganar tiempo.

Fidel y Fran en la cumbre


Efectivamente desde el comienzo del descenso se percibe la dificultad. Vamos destrepando en muchos pasos, en otros es necesario asegurar y descolgarse por la cuerda.

Es al final de la pala, al principio de la zona equipada con las maromas para descender, cuando nos cruzamos con la pareja de franceses que sub�an.

Seguimos descendiendo hasta alcanzar la caba�a Solvay. Aqu� volvemos a llegar primero nosotros. Al acercarnos vemos que salen a la puerta dos muchachos que hab�amos visto la noche anterior en el refugio Hornli, pero no sab�amos que hab�an salido hacia la cumbre este d�a.

Entrada a la caba�a Solvay

Son vascos y su intenci�n era como la nuestra, hacer cumbre hoy, pero nos dicen que al poco de salir se despistaron de la ruta y se metieron en la cara este, con el consiguiente 'marr�n' que les hizo perder mucho tiempo, algo as� como cinco horas, y alcanzaban la Solvay a las doce de la ma�ana. Entonces decidieron no continuar hacia cumbre y esperar all� hasta el d�a siguiente. Como no ten�an previsto pasar la noche fuera iban con poca comida, afortunadamente sí hab�an subido un infernillo para fundir nieve, con una bombona de gas a la que le quedaba la mitad m�s o menos. Les dejamos algunas barritas y parte de la comida que llevamos nosotros.

Vista de la arista desde la Solvay
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En pocos minutos llegan Fidel y Fran, les damos un poco de tiempo y retomamos el descenso. Entre unas cosas y otras hemos estado algo m�s de media hora. Son más de las cuatro de la tarde y a�n nos queda lo peor, lo m�s largo, y queremos descender a buen ritmo pero sin agobios ni prisas innecesarias.

El descenso de la placa Moseley lo hacemos uniendo las dos cuerdas y descolg�ndonos todos menos Fidel que, al ser el último, lo hace rapelando; es más lento pero resulta más seguro. Esta t�cnica la tenemos que volver a utilizar cuando nos salimos de la ruta en una de las variantes al flanquear los gendarmes del final y tenemos que descender desde la arista para recuperar el camino.

Óscar destrepando la parte inferior de la placa Moseley

Llegamos al primer gendarme. A estas alturas ya son muchas las horas de actividad que llevamos y resulta complicado mantener la concentraci�n, pero hay que seguir igual, superarse y terminar.

Los gendarmes de la parte inferior de la arista
A Fran se le ha acabado el agua hace alg�n tiempo y vamos compartiendo la m�a, pero unos doscientos metros antes de llegar al final del descenso tambi�n se nos acaba.

Finalmente mediante un descuelgue y un r�pel de sesenta metros cogemos la senda que ya nos llevar� a las cuerdas fijas que hay al comienzo de la arista. Ya son casi las nueve de la noche.

Han sido muchas horas de esfuerzo f�sico, pero sobre todo mental, debido a que el ritmo en el descenso ha sido tranquilo, sin agobios ni prisas al estar pr�cticamente solos en toda la arista, adem�s de las paradas en la Solvay y en la cumbre, as� como los problemas con la ruta en los gendarmes. Al final hemos empleado unas catorce horas reales de escalada, una vez descontados los tiempos muertos, un poco por encima de lo que marcan las referencias que son entre diez y doce horas.

Comentamos animadamente que desde luego no hemos batido ning�n record de velocidad en el descenso, pero el ambiente era sereno, no hemos tenido ni una palabra más alta que otra en toda la jornada, no ha existido ni un solo momento de tensi�n alta y muy lejos de alguna situaci�n de p�nico. Cada uno sab�a su cometido, hac�a lo que le correspond�a y estaba atento de los dem�s para que todo saliera perfecto.

Vista del refugio Hornli a nuestro regreso

Cuando llegamos al refugio Hornli, son algo mas de las nueve de la tarde. Obviamente ya han cenado, pero afortunadamente acceden a darnos un plato de sopa caliente a la que nosotros le agregamos trozos de pan de centeno que nos entona el est�mago, nos hidratamos todo lo que podemos, agua, mucho agua, aunque valga más de 4 euros la botella.
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A eso de las diez se apagan las luces del refugio. Nosotros aún nos salimos un poco a la calle a observar la majestuosidad de la monta�a que acabamos de ascender, recordando y comentando sobre todo el descenso.

Fran al regreso en la puerta del refugio

También sale del refugio un hormbre de mediana edad, americano, que tambi�n ha venido a subir por la Hornli ma�ana, con el que charlamos unos minutos y que nos pregunta algunas cosas sobre el estado de la vía, a las que intentamos contestar con nuestro mal ingl�s de la mejor forma posible. Manifestaba mucho inter�s por el riesgo de caída de rocas, a lo que contest� que sí, que efectivamente hay que tener mucho cuidado porque suelen caer y hay que estar atentos para esquivarlas.

La satisfacci�n es inmensa, la emoci�n enorme, todo ha salido bien, y como en se�al de agradecimiento y reconocimiento hacia este coloso, iluminado por esta luna llena espl�ndida del mes de julio, que tambi�n est� presente en este inolvidable momento en nuestras vidas, nos quedamos admir�ndolo durante algunos minutos en silencio antes de entrar al refugio e irnos a dormir.

Entre el cansancio y los ronquidos de algunos compa�eros de habitaci�n nos cost� conciliar el sue�o, ni con tapones para los o�dos, obligando a Óscar, de sue�o mas sensible a cambiarse de habitaci�n cuando la gente que sale hacia cumbre, a eso de las 3:30, se levantaron y dejaron libres sus plazas.

Al d�a siguiente, sin muchas prisas, nos levantamos, hab�amos quedado en que el desayuno nos lo pod�amos tomar a esos de las ocho de la ma�ana, y as� lo hicimos.
Antes de partir, Fran pide que le hagan los certificados Mostpoint que acreditan como haber pisado la cumbre del Cervino.

Ejemplar del certificado Mostpoint de Fran

Revisamos, ordenamos todo el material, rehacemos las mochilas e iniciamos el descenso hacia Schwarsee, donde cogemos el telef�rico que nos dejar� en Zermatt. Antes de cogerlo echamos un �ltimo vistazo hacia esta maravillosa monta�a que nos ha dejado alcanzar su cumbre y disfrutar de un aut�ntico d�a de escalada en el m�s puro sentido de la palabra.

Paco echa un ultimo vistazo de despedida

Ya en Zermatt sólo nos queda coger el tren que nos llevar� a Tasch, donde dejamos el coche, y desde aqu� bajar al hotel a Mattsand donde est�bamos a eso de media ma�ana. Una ducha relajante y a la terracita a tomar una cerveza o refresco hasta la hora de comer.
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Para celebrar que todo ha salido a pedir de boca, la satisfacci�n de encontrarnos de vuelta, todos juntos, en un entorno incomparable y 'con los deberes hechos', nos tomamos una buena comida, esta vez sin pasta, a base ensaladas, buena y abundante carne.

Despu�s de una larga sobremesa comentando todos los aspectos de la actividad, lo bueno y lo malo, y cómo mejorarlo en futuras ocasiones, nos despedimos de Óscar y Fidel, que se trasladan a Chamonix, donde tienen previsto seguir escalando por su cuenta durante dos o tres d�as m�s.

Al d�a siguiente iniciamos el regreso a Madrid. Ana, la due�a del hotel, como siempre haciendo gala de una amabilidad inmensa, se brinda a llevarnos con su coche hasta la estaci�n de ferrocarril de St. Niklaus, desde donde partiremos hacia el aeropuerto de Ginebra previo trasbordo en Visp.

Fran en el tren que nos lleva a Ginebra

Llegamos a Ginebra, vamos a facturar el equipaje y nos dicen que llevamos exceso de peso, �� pero si es lo mismo que al venir !!, mientras que en Barajas pas�, aqu� no hay opci�n y toca pagar por ello.

Nos vamos mientras que se hace la hora de embarcar a comer algo y luego volver para pasar los controles de la puerta de embarque. Nos sorprende que el agente que est� en la cinta de los RX avisa, en alem�n a otro compa�ero que revise mi peque�a mochila de mano.

Comentamos entre nosotros, "pero si ahí sólo viene documentaci�n y la c�mara de fotos�", pues no, en el fondo de un bolsillo aparece una herramienta multiusos, ��qué hace aqu� esta herramienta cuando deber�a ir en la bolsa de los crampones...!!. Y recordamos que en alguna ocasi�n de la que nos hizo falta usarla se nos debi� olvidar dentro de la mochila en lugar de echarla a la bolsa de los crampones. Bueno, esperemos que la situaci�n no se complique, aunque el susto ya nos lo hemos llevado.
El agente la examina minuciosamente y nos dice que la tiene que recoger y que me la devolver�n en Madrid junto con el equipaje porque la hoja de sierra supera la medida establecida.

Bueno, si sólo es eso, no hay problema, pero resulta que adem�s me retienen la tarjeta de embarque y me toman los datos del pasaporte. Esto ya me preocupa a�n más cuando va pasando el tiempo, abren el embarque y aún no me han devuelto mi tarjeta. Pero, efectivamente a los pocos minutos se presenta el agente y me la entrega, �uf, menos mal! Embarcamos y para Madrid, donde llegamos a eso de las seis de la tarde y nos espera Ana Bel�n para llevarnos a casa.

Han sido cinco d�as de fuertes emociones, de actividades muy intensas y de momentos inolvidables que conservaremos en nuestra memoria en un lugar destacado, sobre todo Fran, que a sus dieciocho a�itos ya conoce lo que es pisar una de las cumbres m�ticas del alpinismo mundial, el Cervino.

Fran en el momento de alcanzar la cumbre suiza del Cervino

Sin duda ha sido preciso un gran esfuerzo en todos los sentidos durante todo el a�o, entrenando casi a diario, saliendo al monte todos los fines de semana, con los correspondientes madrugones, lesiones, cambios de planes, viajes etc, etc. con el enorme sacrificio que esto supone tambi�n para el resto de la familia.

Todo se da por bien empleado solamente por las grandes satisfacciones y experiencias vividas y, sobre todo, regresar sin haber sufrido ning�n percance, habiendo disfrutado del mejor ambiente monta�ero en el mejor entorno alpino. Si a todo eso le a�adimos la consecuci�n del objetivo, pisar la cumbre del Cervino, ya es el mejor colof�n de este periplo alpino.
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Óscar y Fidel en la cumbre del Cervino

Todo lo anterior ha sido posible en gran medida gracias a haber contado con los inestimables servicios de Óscar y Fidel, para nosotros los mejores, tanto profesional como personalmente.

"Todos los hombres sue�an, aunque no de la misma manera. Los que sue�an de noche en los polvorientos refugios de su mente, despiertan al d�a siguiente y descubren que fue solo vanidad; mas los que sue�an de d�a son hombres peligrosos, porque pueden representar sus sue�os con los ojos abiertos para hacerlos posibles" T.E. Lawrence (1922)















 
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Reflexiones finales
Han sido once d�as muy intensos, en lugares emblem�ticos del alpinismo, donde hemos aprendido much�simas cosas. Para nosotros ha sido un 'Master en alpinismo'. Por resumirlas y a título de conclusiones dir�amos:

1. Preparaci�n
  Hay que contar con una preparaci�n f�sica excelente para soportar ascensiones y escaladas de este nivel.

  Es importante una buena preparaci�n t�cnica, y contar con soltura en la realizaci�n de las maniobras para atravesar glaciares, rescate en grietas, moverse en aristas, trepar y destrepar v�as de mucho compromiso, etc, etc.

  Preparaci�n psicol�gica para desenvolverse en este entorno, de grandes monta�as, grandes aristas, grandes glaciares�., donde todo es grande.

  Todo lo anterior redunda en que se hagan las cosas muy bien hechas, muy r�pido y muy seguro, de tal forma que se aplique el dicho de que 'En monta�a, la velocidad es seguridad'.

2. Actitud
  Actuar con serenidad pero con rapidez. Cuando se presenta una situaci�n de riesgo, todo el mundo debe saber qué tiene que hacer, no vale esperar a que los dem�s resuelvan, unos segundos pueden resultar vitales.

3. Componentes
  Seleccionar muy bien los compa�eros de cordada, el conocimiento y equilibrio entre los componentes de las cordadas, tanto en preparaci�n f�sica, t�cnica e incluso experiencia es fundamental.

  Dimensionar adecuadamente los grupos en funci�n de la actividad, las condiciones, la capacidad y conocimientos de cada uno. Evitar los grupos numerosos.

  La sinton�a para analizar y valorar las situaciones determina que la soluci�n adoptada sea la mejor y se haga de forma r�pida. No se puede perder tiempo discutiendo si son 'galgos o podencos', ni tener que demostrar y convencer de que en esta situaci�n hay que actuar de esta o de otra manera.

  Hay que entrenar y practicar juntos durante todo el a�o y venir con los deberes hechos y muy bien aprendidos.

  En este ambiente se manifiesta, si cabe, aún m�s que el grupo es un ente �nico donde todos trabajan para todos, todos dependen de todos y entre ellos se complementan, de ah� que cuanto menores sean las diferencias entre los integrantes más potente ser� el grupo resultante.
4. Capacidad de adaptaci�n al entorno
  La 'meteo' manda, no forzar la situaci�n innecesariamente, informarse adecuadamente de las previsiones para el d�a y la zona en la que vayamos a escalar. Si la previsi�n no ofrece las suficientes garant�as y es posible, aplazar la salida hasta encontrar una ventana de buen tiempo que nos dé el m�ximo de garant�a para conseguir el objetivo. Y si es necesario renunciar al objetivo, asumirlo y aceptarlo como un aplazamiento; seguro que tendremos más oportunidades y en mejores condiciones.

  Sin menospreciar ni infravalorar, esto no es nuestra querida pero modesta sierra de Pe�alara en invierno, que nos sirve de campo de entrenamiento; ni siquiera nuestros amados y entra�ables Pirineos. Estamos en plenos Alpes, donde las grietas pueden tener cientos de metros de profundidad, los glaciares miles de metros de longitud y los picos otros tantos de altura, con aristas tremendamente a�reas, con pasos muy comprometidos. Tenemos que ser capaces de responder a estos retos con la mayor seguridad posible.

5. Planificaci�n
  Antes de salir hay que tener muy claros los objetivos, los tiempos, los medios necesarios, las alternativas en caso de necesidad y sobre todo, estar preparados y dispuestos a aceptar la posibilidad de tener que abandonar o aplazar si las circunstancias lo exigen.

  No todas las rutas en los Alpes son tan evidentes y est�n tan concurridas como las habituales del Mont Blanc. En determinados sitios, �pocas y/o condiciones, la afluencia de alpinistas es escasa e incluso nula, por ello es conveniente conocer la ruta, documentarse perfectamente y si es posible llevar el 'track' de la misma en el GPS, adem�s de contar con mapas y br�jula.
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