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Crónica de la subida al Besiberri (Pirineos)
30 de septiembre / 1 de octubre de 2006

La subida al Besiberri ha sido la primera ruta que Haciendo Camino organiza al Pirineo ilerdense. Esta montañota de dimensiones colosales está dentro del Parque Nacional de Aigüestortes, en su zona más al oeste, casi al límite con Huesca. Las dos formas normales de ascenderla son por el valle Besiberri (por el oeste) y desde el embalse Cavallers (por el este). Nosotros elegimos esta segunda opción.

Para hacer la subida más ágil nos organizamos en dos grupos: uno que va a hacer el Besiberri Norte (3.015 m) y otro que va a hacer el Sur (3.024 m). Y es que esta montaña tiene esas dos cumbres, separadas por una conocidísima arista de más de un kilómetro y algunos pasos de quitar el hipo. Ambas subidas son igual de exigentes en lo físico, pero en lo técnico la cumbre Norte es bastante más difícil.

 
 
Embalse de Cavallers
Vamos José María, Vincent, Carlos, Ángel F, Edu, Santi, Periko, Jorge, Isabel, Delfín, Miki y Fer.

Nos hospedamos a pocos kilómetros del comienzo de la ruta, en el Hostal Pascual (www.hostalpascual.com), en el Vall de Boí, Lérida, donde Ramón, Carmen y Sabina nos tratan de maravilla. Rápidamente nos enseñan nuestro nombre en catalán, como no podía ser menos: Fent Camí.

Sábado 30 de septiembre de 2006
Desayunamos a las siete, algo tarde teniendo en cuenta la empresa que tenemos por delante. Ramón ve en la tele la última previsión de tiempo para la zona y nos dice que el frente de nubes se desplaza hacia el oeste y el tiempo mejorará a lo largo del día. Ojalá acierte, porque la cosa no pinta demasiado bien.

Vamos en coche hasta el pie del embalse Cavallers y poco antes de las ocho empezamos a andar. Fent Camí. Estamos a 1.740 m, con un día encapotado.

Hemos venido bien preparados con ropa de abrigo y agua, cuerdas, arneses, anillos de cinta, mosquetones, algún freno para asegurar y rapelar, GPS, pilas de repuesto, casco, mapas plastificados, frontales... todo lo que solemos llevar a este tipo de rutas, por lo que pueda pasar, que en alta montaña nunca se sabe.

Recorremos de sur a norte el inmenso embalse, lleno de agua. Kilómetro y medio por la orilla este. Ya en la cola giramos a la izquierda, cruzamos dos ríos por sendos puentes de madera y comenzamos la subida por el barranco del Riumalo, angosto valle con un arroyo cargado de agua y una sendita por la margen izquierda. Empieza a llover, fuerte, y nos ponemos ropa impermeable.

Subida empinada que hacemos a buen ritmo. En la cota 2.100 m nos cruzamos con dos muchachotes que ya vienen de bajada. Nos dicen que pensaban hacer la arista, pero al haber tanta niebla sólo han llegado hasta el Estanyet de Malavesina y han preferido la retirada. Nos sorprende un poco, al ser tan temprano; será que más arriba se pone mucho peor. Nosotros seguimos avanzando como si tal cosa.

En la cota 2.250 m el Riumalo se junta con otro arroyo que viene del suroeste, y es el punto elegido para separarnos los norteños (los que van a la cumbre Norte, Josema, Carlos y Vincent) de los sureños (los de la cumbre sur, es decir, los otros nueve). Despedidas efusivas, consejos mutuos de cuidarnos y cada grupo por su lado.

(Pensábamos haber llevado unos walkies para estar comunicados ambos grupos, pero los olvidamos en los coches. Fallo tonto.)

 
 
Comienzo de la subida por el Riumalo
Norteños
Seguimos el curso del Riumalo y llegamos sin dificultad al Estanyet Malavesina. En este punto, perdemos los hitos que marcan el camino pasando el Estanyet por su lado izquierdo en lugar de hacerlo por el derecho que, como pudimos comprobar a la vuelta, era por donde transcurría la ruta marcada.

En este punto la niebla y la lluvia reducen ya sensiblemente la visibilidad. Eso nos hace desviarnos nuevamente de la ruta y alcanzar la cresta en un punto al Norte de la cima y próximo a la Brecha de Peyta. Advertido el error, regresamos unos cientos de metros hasta recuperar el camino correcto a la cumbre.

Los últimos trescientos metros de desnivel transcurren por una zona m�s complicada donde el frío, la lluvia y el viento empiezan a notarse. Finalmente llegamos a una pared de grado III y aproximadamente 30 metros de altura que parece ser la última dificultad antes de la cumbre. Aunque no es muy larga, enseguida vemos que la piedra mojada aconseja asegurarse para subirla.

Mientras comentamos la mejor manera de afrontar la barrera, José María empieza a tiritar. ¿Qué te pasa? El hecho de llevar pantalones cortos (totalmente mojados a esas alturas), junto con el viento y el cansancio acumulado le dan un 'bajonazo' y le hacen decidir que no sigue adelante. Vincent comenta que él tambi�n se encuentra afectado por el frío y la humedad y tampoco va a subir. Carlos, que ha subido bien abrigado, es el único que se encuentra bien. Estamos a 2.975 m, a cuarenta de la cumbre, pero no tiene sentido iniciar el paso t�cnico -siempre lento- en esas condiciones, así que decidimos que esa pared quedase para otro d�a. Una pena, estando tan cerca del final.

Para abajo pitando. Según avanzamos, Josema y Vincent recuperan el color. A las tres de la tarde llegamos al embalse y antes de las cuatro estamos d�ndonos una ducha caliente en el hostal.

¡Menudo susto! Tenemos una lección clara que aprender de aquí. En esta ocasión la montaña nos ha podido, primeramente por no haber planteado la batalla correctamente.

Sureños
El otro grupo nos dirigimos hacia la cumbre sur, siguiendo el curso del arroyo. Llueve durante un buen rato y la niebla está cerrada. El GPS, hitos de piedra y el arroyo hace que no perdamos el rumbo. Unos 400 m más adelante, en el momento de más lluvia, nos replanteamos la situación por si alguien quiere volverse a la vista de lo que estaba cayendo. Jorge e Isabel no lo dudan. Delfín se apunta enseguida. Miki no sabe qué hacer pero al final se va con ellos también. El resto continuamos.

Pasito a pasito vamos subiendo y algo antes de las doce ya estamos a más de 2.700 m de altura. Hemos dejado a nuestra izquierda el arroyo y el tiempo mejora un poco. Lleva un rato sin llover y el viento mueve las nubes, de forma que a intervalos tenemos una visibilidad de doscientos o trescientos metros, y a ratos la visibilidad baja a cien metros. Nos fijamos como tiempo límite la una de la tarde para darnos la vuelta, estemos donde estemos.

 
 
Periko inicia un rápel
Los hitos nos llevan cruzando una pedrera de bloques grandes que pasamos saltando de unos a otros. Avanzamos con lentitud. Llegamos a la cresta y en el GPS vemos que estamos justo encima del otro track, el que recorre la arista entre las cumbres. Es la una de la tarde pero al quedarnos únicamente doscientos metros en línea recta seguimos otro poco.

Llegamos a un nevero, con nieve muy blanda encima de piedras pequeñas, por lo que se avanza con dificultad al resbalar mucho. Ya por encima de los tres mil metros nos atascamos un poco en una trepada, y viendo que son la una y media, ya fuera del plazo previsto, decidimos dar media vuelta. Estamos a 3.006 m, a escasos veinte de la cumbre, pero no queremos que se nos eche la oscuridad encima.

Para evitar resbalones bajando la pala de nieve, sacamos la cuerda y nos ponemos los arneses. Montamos un anclaje con un anillo de cinta alrededor de una roca y bajamos asegurados. En la bajada vamos a seguir otro camino: no por la cresta sino por la vaguada del arroyo que nace del nevero.

Por debajo de los 2.800 m ya no hay nada de nieve y el curso del arroyo es nuestra mejor referencia para el descenso. Muchos tramos andamos sobre piedras escuchando el ruido del agua bajo nuestros pies. Llegamos a un punto donde la inclinación aumenta y nos parece algo arriesgado bajar al estar la piedra mojada, por lo que decidimos montar un rápel, de unos veinte metros. Anclaje con un anillo de cinta alrededor de una piedra grande. Bajamos sin dificultad, en parte pisando la corriente de agua y en parte por el borde del río. Como ya venimos mojados, no nos importa y hasta nos divierte. Primero baja Periko, luego Santi, Edu y Ángel F, y Fer cierra el grupo. Seguidamente montamos otro rápel, ya que el terreno sigue igual de resbaladizo e inclinado. Este segundo -de unos quince metros- lo hacemos de una manera muy ágil. En ambos casos abandonamos el anillo de cinta y el maillón usado para el anclaje.

Seguimos bajando, rodeamos un estany por su orilla norte y llegamos a otro desnivel pronunciado, de unos doce metros. Lo más fácil -seguimos con los arneses puestos- es montar otro rápel, con el mismo sistema. En esta tercera ocasión la alternativa habría sido dar un rodeo grande, pero el rápel es lo más sencillo y rápido. También abandonamos el material del anclaje.

Por terreno ya más fácil avanzamos y nos juntamos con el camino que habíamos hecho a la subida. El tiempo ha mejorado y hace varias horas que no llueve. Llegamos al Riumalo y ya del tirón hasta abajo. Llegamos al embalse, donde han ido a esperarnos los norteños, lo recorremos de nuevo y llegamos a los coches cuando ya está oscureciendo.

De vuelta al hostal
Llegamos cansados y contentos. Rica cena y larga charleta. Cada grupo cuenta al otro lo que ha hecho, las dificultades que ha tenido, por qué ninguno ha hecho cumbre, por qué los tres rápeles, lo que cada uno ha aprendido, y un montón de cosas más.

Para el día siguiente el plan se estropea para la mayoría, y sólo Josema y Vincent van a hacer otra ruta.

 
 
José María en el Riumalo
Domingo 1 de octubre de 2006
Vincent y José María deciden concluir el trabajo que el día anterior se había quedado a medias. A las siete de la mañana iniciamos la caminata en la presa del Estany de Cavallers. Los primeros kilómetros transcurren en la oscuridad, llegando al Planell de Ruimalo con las primeras luces del alba. El día ha amanecido tambi�n con niebla, pero al menos hoy no llueve. En esta ocasión vamos convenientemente abrigados. No queremos que pase lo de ayer.

La subida se hace más cansina que la del d�a anterior, en parte por la monotonía de la ruta ya conocida, pero también por el cansancio acumulado. A las once llegamos al punto en que en la anterior jornada habíamos abandonado. La ausencia de lluvia nos hace ver con más optimismo la pared que el día anterior nos había parecido tan complicada. Aun así, decidimos subir encordados colocando seguros intermedios para evitar los riesgo de una posible caída. Un largo de cuerda resulta suficiente para alcanzar la repisa final a cuatro metros de la cumbre. Finalmente lo conseguimos, aproximadamente a las once y media. Alcanzamos la cumbre rodeados de una niebla que no nos deja disfrutar de lo que debe ser una sorprendente vista. Con lo que nos ha costado subir, decidimos tomarnos el tema con tranquilidad, disfrutar de la cima y descansar un rato.

Es hora de iniciar la bajada y coincidimos en la conveniencia de montar un rápel. La cresta está un poco descompuesta y resulta difícil encontrar una piedra adecuada para pasar un cordino que sirva de anclaje. Finalmente nos decidimos por una e iniciamos el descenso. Al llegar al pie de la pared e intentar recoger la cuerda para poder continuar, vemos que no resulta posible recuperarla, así que tenemos que volver a subir y cambiar el punto de anclaje del rápel por uno que sea más volado, evitando que el rozamiento de la cuerda contra la roca impida su recuperación. Fallo de principiante que si hubiésemos ido justos de tiempo, o con condiciones meteorológicas peores, nos podría haber ocasionado un disgusto.

El camino de regreso se hace un poco pesado por las ganas que los dos tenemos de llegar. A medida que descendemos el día se va abriendo y empezamos a disfrutar de unas impresionantes vistas que nos hacen el regreso m�s llevadero. Al fondo se pueden ver el Refugio de Ventosa y Clavell y el Puerto del Contraix por los que exactamente un mes antes habíamos pasado con motivo de la Sky Runner de Carros de Foc.

Nos tomamos la vuelta con mucha tranquilidad y finalmente a eso de las cinco llegamos al aparcamiento donde habíamos dejado el coche. Ha sido un d�a impresionante y la experiencia en la cresta ha resultado muy formativa.

Conclusiones
Una vez más los Pirineos nos han encantado. Ni la niebla ni la lluvia han podido con nosotros.
Hemos aprendido muchas cosas y hemos verificado que lo aprendido en rutas pasadas sirve, y mucho. Nunca hay que ir sin cuerda, arneses y elementos básicos de seguridad; no hay que olvidarse los walkies en el coche; el GPS es el mejor compañero con niebla; mejor abrigarse y comer a tiempo. Y sobre todo, que una ruta que puede ser sencilla con buen tiempo se complica bastante con malas condiciones.

Habernos dividido en dos grupos ha sido un buen intento de formar equipos ágiles y homogéneos. Este tipo de rutas no pueden hacerse de quince en fondo. Más adelante quizá tengamos que dividirnos aún más, buscando un equilibrio en lo físico y en lo técnico, fijando objetivos realistas para cada uno.

En la parte de vivencias lo hemos pasado en grande. Incluso con las limitaciones de no haber disfrutado de los paisajes y habernos calado hasta los huesos, estar donde hemos estado nos maravilla. Andar en la niebla da siempre un cierto misterio e incertidumbre, pero este invento del GPS da una tranqulidad pasmosa. Edu nos resumía su experiencia en un correo a la mañana siguiente de volver:

Me siento realmente afortunado por haber dado con vosotros y que me hayáis dado la oportunidad de aprender a disfrutar de la monta�a de esta forma tan intensa y tan maravillosa.

Ahora, hablando de conclusiones, impresiones y demás, deciros de momento que he disfrutado el fin de semana como nunca a pesar de las dificultades (o quizá debido a ellas, a haberlas superado), me alegro de haber tirado para adelante en el momento en que teníamos que decidir si continuábamos o no, aunque finalmente no pudiéramos cumbrear... yo creo que no fue ningún error continuar, aunque no disfrutáramos del paisaje por la niebla tan cerrada que no nos dejó tregua en todo el día. Está el disfrute del entorno (y m�s si es ilerdense), que seguro que hubiera puesto la guinda al día, pero me llevo la enorme satisfacción de haber sentido la cumbre cerquita cerquita, y sobre todo de haberme sentido lo suficientemente fuerte como para poder haberla hecho... reconozco que me hacía ilusi�n "poner la bandera" (tenéis que comprenderlo, �era mi primer 3000!), pero el tiempo apremiaba y la seguridad siempre es la primera premisa, y no me pesa lo más mínimo. Hemos hecho un máster en rápeles y yo personalmente he aprendido much�simo. Vuelvo literalmente encantado.

Mi enhorabuena a los dos peazo de norte�os que le pusieron la gorra al Besi norte.

Fent Cam� es mucho Fent Cam�!